Mi doble vida?

La he tenido, tal vez no al estilo de la doble vida de Verónika, aunque confieso que he llegado a pensar que así está ocurriendo y que cada vez que soy ingresada algo así ocurre con mi otra yo en algún lugar del mundo. Y por qué no?, si cada vez que soy ingresada muero un poco y algo de mi nace otra vez. Confieso que en más de alguna oportunidad quiero creer en la prolongación de mi vida aquí o donde sea.

Hoy descubrí que soy feliz a mi manera. Es un estado extraño. Es levantarme por las mañanas a regañadientes, pero con la necesidad infinita de estar despierta, vestida y bebiendo un café junto a un cigarrillo y el gato. Es la necesidad de caminar rumbo al cuarto de mi hija a verla, simplemente contemplarla. Es abrazarme por el frío sin tener la necesidad de abrigarme más de lo que estoy. Es cantar a capela, sin vergüenza de mi misma, mientras sujeto el mate. Así es, este estado de felicidad se condice con acciones que suelen ser múltiples a la vez que únicas en su momento.

Ahora, tras una ducha caliente y el cabello húmedo, me animo a cantar una canción.

Las pequeñas cosas que me habitan

Como dijo Neruda “puedo escribir los versos más tristes esta noche…” pero me rehúso! Podría hacerlo, nunca falta la pena y esas cosas que invitan cordialmente a ponerse a llorar a pie pelado. Pero bueno, cosas que suben y bajan , es mi vida, para bien o para mal (como la de tantos). No digo que esté mal ahora. Ayer y antes de ayer estuve en un estado que no sé como denominarlo, pero fue algo así como “bien, pero no importa”. Contradictorio, equívoco, pero bueno. Me la he pasado inquieta, desconcentrada, a veces con pena, otras con risa incluida. Ya ni debería mencionarlo si es lo que siempre pasa, con los medicamentos al tope. No es como salir corriendo por un TEC, me las puedo aguantar aún. Creo.

Cuando me preguntan “cómo está el cuore” yo respondo “aquel cuore por el que me preguntas, está en lista de espera”. Mi familia me presiona para que salga y encuentre luego una pareja, pero yo les digo que eso no se saca de los árboles y que no se puede armar un hombre a gusto. Pero lo que más les llama la atención es cuando les digo que los hombres son como un dolor de muela. Si es de leche, te la sacas y ya, si es definitiva, hay que ver si se puede salvar. Yo creo que no tengo dientes (en perder dientes… ya perdí bastantes) Pero no me voy a poner uno temporal o postizo. No es para tanto, es que por ahora prefiero esperar. No me gusta andar a saltos por ahí picando y picando. No estoy para eso. No he llegado a estados de manía que no pueda controlar, por ahora, digo.

Hoy entregué la enésima versión de mi proyecto. Por las re pucha que ha costado concentrarme!!! El profesor me dice “que no habíamos quedado en que no pondrías eso??” Luego dice, pero está súper, ahora sí. A qué parte de él le creo?

Para contar cómo me siento ahora, puedo decir que hay un tema de Mercedes Sosa que escucho cuando quiero cortarme las venas (no literalmente, no es mi estilo) y otra de Serrat cuando quiero  volar (me equivoqué de enlace y lo edité). Estoy escuchando ambas a la vez. El ensueño sumado a esa, como dicen, saudade? es un estado tan mágico, tan envolvente, tan no sé, como para detenerse un instante y mirar el cielo, las aves, las manos. Qué se yo, simplemente hacer un alto en el camino sin mirar mucho atrás para que no se desvanezca este estado de cosas, esta perspectiva de ver el mundo aunque no sea como otros lo ven, bueno generalmente es así. Pero a lo que me refiero es que para algunos un momento de melancolía puede ser destructivo, para mi es como una estación de paso por la que deambulo de vez en cuando para detenerme y limpiar mi cara con la lluvia y el frío (porque el calor me ensucia) Es como lo que dice Serrat “y uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia…” Esas cositas, que me traen los recuerdos que me alimentan y dan esa sensación de querer seguir a pesar de los pesares. Digo, si duele es porque estoy viva y eso para mi tiene un significado enorme… estar viva, viva, después de todo, viva, respirando, caminando, tomar con mis manos el cabello de mi hija. Beber agua en ayunas (aunque después cínicamente fume un cigarrillo). Así estoy. No sé si logro transmitirlo, pero estoy viva con todo lo que aquello implica.

De mi niña y su grandeza en medio de la marejada

Fue un arranque, sólo un disparo de corto alcance. De pronto se me ordena el día, se pacifica mi explosión, se aclaran lentamente las ideas. Aquí estoy, repartida en el aire, pero con las manos tibias, no como ayer, todas frías y temblorosas.

No puedo expresar lo que un te amo mamá es capaz de hacer en mi vida. Bienaventurada yo que tengo a mi niña presente en el día a día. Si cuando escuché su voz del otro lado del teléfono, en medio del bullicio del recreo escolar, con esa claridad y madurez que le ha dado la experiencia de estar expuesta a las crisis de una madre bipolar, simplemente me sentí caer lentamente de la cima de la ola.

Como olvidar esos días en que temprano por la mañana debía dejarla dormir después de haberla amamantado para luego correr a mi trabajo. Con ciclajes o sin ciclajes, con marejadas y destrucción masiva de mis esperanzas, sin su padre al lado, pero con sus manitas en mi cara. Recuerdo que le cantaba arrurrú la faena de Illapu mientras la mecía en su cuna.

Amo a mi hija, mi pequeña y grande mambí.