Mi habitación y la guitarra

Me rodean casi 600 ejemplares de novelas, poesía, cuentos e historia. Ni Don Quijote se salva de tenerme como intrusa entre sus páginas, y al pobre Neruda lo tengo añejo de tanto sacarlo de su modorra en el librero. A veces conversamos en un ambiente herético, casi orgiástico sobre todo cuando se me cae al piso a la Simon de Beauvoir. Neruda le dice “Para que tu me oigas, mis palabras se adelgazan a veces” , y ella le responde “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres“. A veces se mete Benedetti y les dice “Me jode confesarlo, pero la vida es también un bandoneón...”. Después viene Jodoroski y les invita a recostarse en la cama sobre una carta de tarot que representa el mundo… Simplemente me atrapan y no puedo hacer otra cosa que ceder.

Tengo cerca de 5 kilos de piedras de distintas formas, colores y origen. Desde fósiles hasta piedrecitas de río dulce. A veces me hago una corona con ellas; otras las miro y veo que están sucias y las sumerjo en legía, abandonadas al claro de luna. Si, tengo harto de hereje.

Hay por doquier velas y cirios a medio camino, e imágenes religiosas a las que nunca rezo; sólo las tengo como regalos que llegaron. Siempre me tropiezo con alguna, sobre todo cuando quiero cambiarlas de lugar.

Fotografías hay por montones, sobre todo de mi hija; desde que estaba en mi barriga, inquieta como ella sola… hasta ahora sigue así.

Hay un mural en la puerta representando mi relación madre-hija. También hay óleos pintados por sus manitas y vitrales hechos por mis hermanas. Hablando de murales, la puerta del baño es un chiste, lleno de cuadros, afiches y postales. Las quiero tanto que antes de entrar casi que me reverencio. Por ahí tengo colgado uno que otro recuerdo de algún viaje.

Mi baúl, mi baúl encierra recuerdos, los típicos que de vez en cuando miro y re-miro. De eso no quiero ni hablar.

Mi escritorio, adosado a mi cama de 2 plazas, está lleno de lapiceros y cuadernos. Ahí conservo uno de los diarios que llevaba antes de atreverme a escribir aquí. Ahora los uso para anotar ideas que generalmente no se llevan a cabo.

Por ahí anda un ventilador que empleo en las tardes y noches de calor. Claramente ahora está durmiendo.

Mi ropero, lleno de vestimenta que no ocupo, está al final. Ahí también escondo tesoros tales como libros prohibidos y cintas de casettes de algún tiempo.

Y por ahí, bien escondida, está la caja de la guitarra, la que tomé alguna vez para acompañar mis rezos y canciones inventadas a medias. Ahora la ocupa mi hija, que para variar, hace mucho de lo que me habría gustado hacer.

Si, mi cuarto es bastante amplio y yo puedo recostarme sobre la alfombra si quiero hacerlo; así como también realizar uno que otro ejercicio, cuando me da la gana. Lo que más me gusta de él, es que es mi refugio, mi cuna, mi almohada y mi puerta giratoria.

Mi hija está bien y yo ahora soy la niña (en memoria de la flaca)

Mi hija partió temprano al colegio con su mochila a cuestas. Que manía esa de llegar temprano y no perderse clase alguna. Ciertamente eso no lo heredó de mi. Por el contrario, creo haberle heredado la impaciencia y las lloraderas justo cuando hay luna llena.

Verla así me llevó de vuelta a mis 13 años. En esos días conocí a la flaca, que de flaca no tenía mucho pero yo le sigo diciendo así, incluso a 2 años de su ida sin regreso. Cómo se le ocurrió partir antes a la flaca?!

Con la flaca leíamos libros arriba de una higuera justo en las faltas de un cerro y a la orilla de un canal. Si esa higuera hablara! Recuerdo nuestro primer cigarrillo hecho con orégano mezclado con tabaco y mi caída con “El lobo estepario” sobre mi cabeza, mientras ella se devoraba “La Náusea”. Éramos muy pendejas, pero no se nos puede achacar de perezosas. Por el contrario, nunca hubo motivo para quedarnos quieta. Si no era la lectura, eran las salidas nocturnas a tratar de pintar muros. Digo intentar, porque la primera vez que  quisimos hacerlo, disfrazadas, ella con un buzo y cojeando para “disimular”, yo con un impermeable y un sombrero de su papá, definitivamente no nos fue bien.

Cuando estábamos subiendo el cerro divisamos a los polis y no nos quedó otra que tirarnos sobre un montón de mierda de caballo que estaba bien disimulada por pastizales que por esa época nadie tocaba. Estuvimos horas con nuestra humanidad,- particularmente cara y cabeza-, pegadas a esas bostas. No nos quedaba otra. Esperamos un par de horas hasta que los polis se fueron y ahí, frustradas, enojadas sobre todo con el régimen, llegamos a su casa donde nos lavamos y cambiamos de ropa tras esconder nuestros disfraces. Finalmente, yo regresé a mi casa con cara de haber estudiado toda la noche con mi mejor amiga y compañera de clase.

A nuestros 13 años conocimos el miedo y el terror; también conocimos el trabajo duro de los trabajadores temporeros.

Un año más tarde, nos pusimos a trabajar como polinizadoras de chirimoyos. La tarea era sencilla pero muy agotadora. Consistía en recolectar el polen por las tardes retirando con mucho cuidado los pétalos de las flores que se encontraban lacios. Estas flores son verdes así que toma mucho tiempo para que una abeja se sienta seducida por ellas. Así que tomando los pétalos, separábamos el polen y lo colocábamos dentro de unos pequeños recipientes de plástico. Por la mañana a ese recipiente le agregábamos un polvo adherente y, cual abejas, lo “insuflábamos” (o algo así) a las flores que se encontraban turgentes.

Qué días fueron esos como abejitas Maya. Entrábamos a las 7 am y salíamos a las 9 pm. No había baños, ni cocina, ni refugio, salvo unos árboles a cuya sombra nos ubicábamos para capear el inmenso calor. Yo cantaba todo el día para amenizar la jornada, pero luego de 3 horas me rogaban que callara porque ya no tenía repertorio.

Ahí vimos como los enamorados se conocían bajo un árbol o con el torso inclinado para recoger las papas cuya cosecha ya se había iniciado. Era algo así como la película “El niño del Tambor”

Finalmente nos echaron. La flaca y yo no aguantamos eso de los malos tratos y las condiciones inhumanas que los temporeros y temporeras tenían que experimentar. Nosotras estábamos de paso así que hablábamos no más.

Hoy día, recuerdo especialmente esas historias en su memoria, y de paso para la mía.

Solía cortar mi pelo para parar la furia pero hoy sólo corté mi chasquilla

Por poco las tijeras siguen desde la frente hasta la nuca. En qué estaba pensando? No sé, ahora que pienso sólo estaba jugando con mi pelo como una manera de estar de pie sin estar con el impulso de salir. Me sentí bien. Me calmé. Mi apreciación es que estoy bajando las revoluciones para llegar a este momento de relativa placidez.

Corté, limé y pinté mis uñas. Las manos quedaron en tono de piel y los pies en tono de verde estilo “afro-selvático” como decía el envase. Menos mal que no compré tintura para el pelo; seguro lo pinto de verde. No es malo, pero la verdad he tenido la aprehensión de evitar esa práctica. Solo lavo y de vez en cuando peino mi pelo.

Eso de ponerme de colores lo hice en medio de la lectura de dos libros (uno de Hawking “El universo en una cáscara de nuez” y otro de Amartya Sen “Identity and violence”) y TODA LA MAFALDA.  De ésta, la idea del manicomio redondo me hace reír a carcajadas:

MAFALDA

Que dureza de cabeza la mía. Partí hablando del pelo medio cortado y terminé revelando el corto tiempo que me dura el juicio.

 

Anoche tembló y no lo noté, so, dormí toda la noche

Como suelo hacerlo, el viernes no fui a la universidad. Me quedé trabajando en casa y sobretodo leyendo, para variar.

Pero no leía cualquier cosa. Leía un libro de Charles Tilly sobre los movimientos sociales entre 1768 y 2004. Qué tiene esto que ver en mi sueño?? Creo que la introducción. Si, ahí el señala que lo que hizo con ese libro constituyó una catarsis en medio de sus quimioterapias por su leucemia.

Quise hacer mías esas palabras. No tengo leucemia, pero por mis rasgos, también he estado cerca de la muerte. Lo que trato de decir es que quiero que mi tesis sea eso, un instrumento de catarsis. Un vehículo de mis emociones (por supuesto si dejar de lado mi vida familiar).

Por eso creo que, aunque anduve ansiosa, me tomé 1 litro de helado de chirimoya, algunos gramos de manjar y almendras y dos platos de porotos y me dormí pasada la medianoche, dormí de corrido hasta las 6 am como todos los días. Ni noté el temblor como aparece en la página del USGS. Para mi esa es una buena noticia, porque usualmente despierto incluso antes de que se perciba abiertamente que está temblando.

Y qué diablos tiene que ver el libro con el temblor? Justamente eso. Como estoy buscando nuevas estrategias de motivación para el logro de metas, creo que de vez en cuando mi cabeza está más tranquila de noche. Tengo ánimos para levantarme, aunque tenga los párpados pegados, las ojeras color violeta (y eso en un rostro trigueño no es muy lindo que digamos), el cuerpo cansado, en fin… tengo al menos voluntad y eso para mi son palabras increíbles, mayúsculas. Rara vez las menciono a menos que no sea para decir que se me olvidó que significaba.

Siento que el último ajuste que hicimos con la quietapina y la lamotrigina están operando bien. Quisiera decir eso con la medicina alternativa, pero la verdad no resultó.

Imanes, reiki, digitopuntura, flores de bach, médicos brasileños y suma y sigue, nada de eso me hizo un efecto concreto. Lo que verdaderamente me ha ayudado es la meditación y un par de ejercicios que empecé a hacer hace unos días.

Algunos dirán que estoy equivocada con eso de la medicina alternativa. No la desestimo, por el contrario, creo que sirve muchísimo, pero no para los que somos hiperracionales y vivimos en medio de la vorágine, el estres y otras cosas por el estilo. El tema es que, aunque uno genera formas para aumentar la serotonina, aunque esta aumente, si no se recaptura no sirve de nada. Créanme, lo he intentado, pero la única manera de depender de esos métodos es saliendo del mundo. Eso, no vivir en sociedad. Por eso hay quienes buscan la montaña, el mar o lugares tipo comunidades donde todos reman para el mismo lado. Así es fácil no estar bajo presión. Yo quiero una felicidad a toda prueba.

Pero yo quiero estar aquí, con presiones y todo, trabajando para que mi hija vaya a un buen colegio y si así lo quiere después, a la universidad, y hacer tantas otras cosas que no sea depender de otros al menos materialmente hablando. No quiero obligar a mi hija a tener un modo de vida que ella no escogió. Si lo quiere hacer cuando grande, maravilloso. Si eso la hace feliz, estupendo. Feliz, desde su punto de vista. Cuando me diga que no lo está, partiré rauda a un retiro. De hecho se lo muestro llevándola a conocer experiencias de ese tipo, pero no todo le llama la atención. Ella quiere estar en el colegio donde está, con sus compañeros y eso. Creo que todo tiene su tiempo. Ya vendrá el tiempo donde ella de mutuo propio escoja que seguir. Yo trataré de guiarla lo mejor posible, pero con la ayuda que se requiere, porque de eso estoy segura, no le he dado el mejor ejemplo.

Para ello, estoy convencida de que no debo dejar mis medicamentos, aunque llegue a sentirme excelente sin ellos en alguna temporada. Ya suficientes ingresos he tenido en mi vida como para arriesgarme una vez más. Repito, yo al menos por ahora, en ese minuto, quiero poder escoger libremente donde vivir. No sé que va a pasar mañana. Estoy hablando por el día a día.

Nota: Un abrazote, besos y mil gracias a quienes me saludaron este fin de año y los que no y me sigue obvio que también. Les quiero por el hecho de existir y me siento bendecida por seguir mi blog. Claudia

Parece delirio religioso, pero realmente lo es?

Hace un par de horas, limpiaba mi cuarto de papeles, documentos y libros que no quiero mantener. Ya me he deshecho de cientos de ellos. Dentro de las cosas que seleccioné, había una caja que contenía una imagen de Miguel Arcángel, a quien se recurre en situaciones de exorcismo. Vino a mi cabeza el sueño de anoche “yo era exorcisada y luego una mujer me abrigaba”.

Creo que este tiempo tiene mi serotonina vuelto loca. Calor con un sol increíble y ahora nublado casi a punto de llover, pero un una temperatura de esas que me tienen con una jaqueca horrible.

Siguiendo con mi delirio, dentro de los libros que encontré, estaba una de las no sé cuántas biblias que hay en casa, no sé cuál de ellas menos leídas que las otras. Aquí nadie las lee y la verdad constituyen un recuerdo familiar o el regalo de algún pariente o amigo cristiano. Tenemos varias versiones: Casiodoro de Reina, de Jerusalem, Latinoamericana. Hay también versiones para niños y niñas, jóvenes, extractos de pasajes bíblicos, crucifijos, cirios votivos. Bien, algo pasa en mi familia, lo reconozco no somos religiosos pero si deístas y paganos, con altares y eso, somos la ambivalencia hecha familia.

Como sea, abrí la biblia que estaba entre mis cosas y abrí una página al azar, y qué creen, era San Mateo:17: 14-18 (capítulo 17 versículo 14 al 18). Transcribo ” Cuando llegaron al gentío, vino a él (Jesús) un hombre que se arrodilló delante de él diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas veces en el agua… (…) Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora”. Qué me dicen, va del fuego al agua,  me gustó la metáfora. En mi opinión, claramente es un bipolar. Bueno en la biblia hay algunas frases que ilustran ambos polos, por ejemplo el libro de  JOB (esto me lo dijo un siquiatra, no es que yo ande viendo en todos lados la bipolaridad (ironía…)

Cuando leí aquello mi jaqueca fue desapareciendo y sentí mis hombros descansados, mi ojos se limpiaron (no estaba llorando, sólo estaban como pegados los párpados), entró un viento fuerte por el ventanal (claro el efecto es buenísimo porque está que llueve). Fuera de broma, algo sentí y era bueno. Obviamente todo puede tener una explicación. Me ha dolido tanto pero tanto la cabeza este día, aún con analgésicos y eso, que pienso que de todas maneras en algún momento se iba a calmar, no se si de una vez como me ocurrió. El hecho de haber encontrado una biblia no es accidente, estaba limpiando mis cajas y libreros y aunque no la había visto en tiempo, se hizo visible y la tomé. La pregunta es, cuál es la probabilidad de escoger al azar una página donde se contaba la sanación de un bipolar. Esta versión tiene 1157 páginas, así que la probabilidad es de 1 en toda esa cantidad.

De acuerdo, tengo pensamiento mágico y de verdad me ha ayudado a sobrevivir y explicar lo que mis capacidades cognitivas no logran (a estas alturas no tan buenas). Se me ha dicho que tengo delirios, aunque yo misma reconozco que son tales. Qué importa. Para mi lo central es que lo que pasó forma parte de mis estrategias de sobrevivencia, y si la fe en una sanación, (o de algún tipo de ella), tal vez, como en mi caso, me hace sentir aunque sea por un instante libre del fuego y el agua extremas, me importa un bledo que me traten de sicótica. He dicho.

Cuarto día: esperando a Godot

Ayer fue un día increíble. No aguanté la tentación y salí con mi hija. Fui a la Feria del libro y salimos de ahí con las manos cargadas. Estuve consciente de que quería comprar toda la feria, pero justifico plenamente lo que traje. Libros de ciencia, literatura, separadores de libros de Turquía, qué se yo, hasta presenciamos un espectáculo para niños y niñas.

Hoy me levanté con dificultad pero con algo de ánimo, serena, con ganas de fumar como siempre. Estoy bebiendo té verde para el peso que me tiene preocupada. Me dicen que no estoy gorda, pero yo me veo enorme. No puedo usar la ropa que usualmente me ponía. Si hasta los zapatos me aprietan. No me da por vomitar ni nada de eso, pero si a veces vienen los atracones que trato de controlar fumando. Una cosa por otra. Lo cierto que es la ideación se fue, quedó solo el murmullo. Debe ser porque estoy en una burbuja.

Mañana quiero ir a la universidad. Debo pagar la cuota mensual del colegio de mi hija y seguir leyendo unos textos que me servirán para el encuentro del viernes con profesores que trabajan en mi área de interés.

No siento presión, ni apuro, pero durante el día las emociones suben y bajan aunque discretamente. No sé que estoy esperando específicamente. No quiero hacer planes para el futuro futuro. Quiero concentrarme en el día a día.

Tengo la sensación de que para seguir viviendo tengo que despedirme de algunas personas que me han rodeado hasta ahora. Es una fórmula alternativa de hacer borrón y cuenta nueva. Empezar de cero, con otra historia. Así ha sido siempre: 12 colegios, 10 casas, 4 carreras universitarias, 2 maridos, cambios, cambios y más cambios, para volver a empezar de cero. Quedarme aquí, en mi casa, refugiada al alero paternal, vivenciando mi maternidad sin un otro que se queje de lo bien o mal que lo estoy haciendo (no tan así, porque está mi mamá pero no es lo mismo)

He buscado tanto el apego a lo largo de mi vida que me he perdido y angustiado por no lograrlo. Hoy día sólo quiero tener la cabeza de mi hija en mi regazo, mientras leemos juntas uno de los libros que compramos.