Zafándome de la culpa

Hoy tengo la tranquilidad que viene después de haber sido arrastrada por las olas varios metros mar adentro. Con sueño, cierto, sin muchas ganas de trabajar para variar, pero tranquila, sin miedo al espanto ni a la culpa.

Ayer me deshice de uno de los episodios más dolorosos de mi vida: el amor culposo. Ese que aparece como el eterno, el que no quieres dejar nunca porque está enraizado en lo más profundo. De esos que para sacarlos hay que cambiar la tierra. Del tipo de amor que si lo dejas fluir terminas dañando a otros o a una otra congéner.

No lo haría, aunque hubiera reaparecido después de 20 años. No retomaría una relación que fue terminada sin voluntad, por miedo e inseguridades, sólo porque de repente aparece la voluntad. Prefiero esperar a que decante este mal rato que significó poner término a un vínculo que sólo daña.

Hasta la vista Nicanor.

Contra la culpa y su miseria

Ayer dormí todo el día. Me di esa licencia porque estaba cansada de tanto coartar mi sueño. Soñé infinitas veces, sueños inconclusos pero reponedores. Me enredé en las sábanas y no levanté la cabeza ni para dormir. Era justo y necesario como dice el dicho católico. Y aquí estoy ahora, con un herpes en los labios, las ojeras color tornasol y las manos y pies fríos.

Quiero extender mis brazos sobre mi cabeza más a menudo, sin importar si es de día o de noche. Sin importar si me acerca o aleja de la vida cotidiana. Individualismo puro, si, pero me doy esa licencia ahora que las ganas de auyentar el dolor de la piel se hace más fuerte.

El amor de la Violeta y el mar de Alfonsina me alimentan a diario, me sostienen los pies y me plantan el sol en la cabeza para no olvidar, para no olvidarme.

Quiero hablar en presente y sostenerme con ambos pies. No quiero cargar con culpas, ni propias ni ajenas. Qué más da. Que se queden parados quienes me achacan mis pecados humanos y divinos. Que se queden fuera los que quieren inventarme más culpas. Si no lo dejé claro, aquí no se admiten culpas. Sin excepción.

La culpa es el origen de todos mis males. Si hasta mi cerebro lo sabe, por eso me pone distante de la realidad para darme un poco de aire, a veces demasiado para mi gusto, pero al menos me da ese paisaje de colores múltiples, de sensaciones pecaminosas y hasta de deseos infrahumanos que compensan los bruscos cambios del descenso al abismo. A veces la culpa gana y me deja al borde, justo a punto de descender sin retorno, pero ahí viene la ola precisa para elevarme y retroceder.

He aprendido a oscilar sin miedo. A levantarme por las mañanas -o las tardes- sin prisa ni pausa, con el gusto a la vida.  Y si viene la oleada nocturna, ahí está el sueño y la calma que me da una melodía inmortal de nuestra Viola chilensis, que con su grito me despierta y recuerda que no hay amor que no quite el sueño, pero que tampoco hay amor que valga si con él llega la culpa.

A veces soy…

Me encariño rápido y me vuelvo demandante, amo a mis amigos pero la mayoría de las veces prefiero estar sola. Me enojo rápido, pero de igual manera se me pasa el enojo. Soy capaz de perdonar lo que me hace daño… pero nunca olvido. Lo mismo río que lloro, amo la vida y la cuestiono.

Tengo la convicción de que no soy muy distinta a cualquier mortal, sólo que si no me falta me paso…

Un tema para mi espíritu 

La Post ideación suicida

Hoy estoy mejor, con el cuerpo cansado y un poco dispersa, pero esencialmente bien, bien. Ahora a tratar de continuar con mis quehaceres no sin antes escuchar algo de música vivificante para mi mente y mi corazón. Me voy a dar una nueva bienvenida.

Otra vez la ideación

Que a estas alturas sigan apareciendo las ideaciones suicidas no es novedad para mi. He aprendido a identificar cuáles son los eventos que suelen estar asociados a esta “necesidad” que después puede o no transformarse en gesto y/o impulso.

La ideación, en mi caso, es una maraña de ideas que giran en torno a la necesidad de terminar con el dolor, la angustia de sentir que mi presencia está causando daño a mi hija, mi familia, incluso a mi misma. También es la necesidad de maltratarme por la culpa que me acompaña desde siempre. Ya hablaré de la culpa y todo eso.

Hoy, en términos generales, la ideación partió después de sentir que no avanzaba en mis planes, en mis prioridades, desde ser una buena madre, hasta ser una buena profesional y una buena pareja. Vino todo de una sola vez. Una  una fueron apareciendo las imágenes que me iban hundiendo el pecho y que giraban a los largo de mi cuerpo. Palabras, sonidos, olores, todo me convocaba a buscar la salida por la puerta lateral. Irme, ausentarme definitivamente de los días, de la historia, de mi hija, de mi familia, amigos, entorno laboral, todos los espacios se fueron vaciando de mi, como si en una película un actor se disipara en medio de una conversación o en medio de un cuadro sin otros actores. Así partió.

Siguió el peso en mi cuerpo, la sensación de que mi cabeza se acercaba al suelo. Mis oídos no escuchaban, mis brazos aletargados y el paso cansado… Y seguía la idea de abandonar todo esto, recordando los pasos que me podían conducir a esa desaparición. Cuerda, pastillas, el río, todo vale.

A unos 100 metros de mi casa -me había retirado antes de mi oficina-, comencé a detener las imágenes en mi mente, revisando las acciones y actitudes de quienes me acompañaban en ese momento y quienes no estaban pero que aparecerían en caso de que se efectuara un velatorio y un funeral. Recorrí paso a pasó todo lo que había empezado en mi cabeza casi 3 horas atrás. Me era familiar ese recorrido. En otras ocasiones había empleado esa estrategia para salir de ese infierno síquico.

Comenzaba a sentirme un poco más liviana, faltaban unas pocas cuadras para llegar a mi casa.  La ideación estaba diluyéndose en medio de melodías a las que suelo recurrir en estos casos. Aquí vamos de nuevo, a lavarme la cara, peinarme el cabello y mirarme al espejo para decir “aquí estamos una vez más”.

Por Alfonsina Storni

Alfonsina y el mar

 

Por la blanda arena que lame el mar

Su pequeña huella no vuelve mas,

Un sendero solo de pena y silencio llego

Hasta el agua profunda,

Un sendero solo de penas mudas llego

Hasta la espuma.

 

Sabe dios que angustia te acompaño

Que dolores viejos callo tu voz

Para recostarte arrullada en el canto

De las caracolas marinas

La cancion que canta en el fondo oscuro del mar

La caracola.

 

Te vas alfonsina con tu soledad

Que poemas nuevos fuiste a buscar …?

Una voz antigua de viento y de sal

Te requiebra el alma y la esta llevando

Y te vas hacia alla como en sueños,

Dormida, alfonsina, vestida de mar …

 

Cinco sirenitas te llevaran

Por caminos de algas y de coral

Y fosforecentes caballos marinos haran

Una ronda a tu lado

Y los habitantes del agua van a jugar

Pronto a tu lado.

 

Bajame la lampara un poco mas

Dejame que duerma nodriza en paz

Y si llama el no le digas que estoy

Dile que alfonsina no vuelve …

Y si llama el no le digas nunca que estoy,

Di que me he ido …

 

Te vas alfonsina con tu soledad

Que poemas nuevos fuiste a buscar …?

Una voz antigua de viento y de sal

Te requiebra el alma y la esta llevando

Y te vas hacia alla como en sueños,

Dormida, alfonsina, vestida de mar …