Mientras el pelo crece…

Las ideas están deambulando por doquier; no hay día en que no estén cubiertas de incertidumbre. Mientras, la cabeza se deslumbra ante tamaña seudo-sabiduría, irrumpe en mí el deseo de salir disparada por la ventana. Bueno o no, lo cierto es que estos días se asemejan a un parque de diversiones, pero de madrugada.

El ajuste de los medicamentos, creo, está surtiendo efecto. Estoy más aletargada, las manos menos temblorosas, el sueño más pesado, el despertar lento y las noches más cortas. Sí, ya casi estoy hecha una zombi.

Quisiera no haber llegado a este punto; no sé hasta dónde puedo aguantar tanto té energetizante para levantar un poco las energías que son opacadas. Como sea, es lo que hay, al menos por ahora.

En este minuto me figuro naturalmente frente al compu, con la espalda cansada y el tobillo izquierdo adolorido. Casi caigo por la escalera y mi andar se ha vuelto un tanto dificultoso. Creo que ya necesito algo de vacaciones.

Me faltan horas del día para hacer lo que tengo que hacer. No es suficiente tener 8 horas de sueño. No sé como puedo avanzar en mis labores. Lo hago, cierto, pero no he limpiado mi dormitorio en semanas. Se nota la pesadez del cuerpo, apenas logro agacharme.

Estoy cansada, quiero meterme a la cama y esperar a que llegue el viernes; como si no tuviera que trabajar el fin de semana.

Como si fuera primavera

Acostumbrada a sonreirle a los días, me cuesta no apretar el pecho cuando una hermana o hermano toma la decisión de salir por la puerta lateral.

Ayer me enteré del suicidio de la madre de una amiga desde hace más de 2 décadas. Dolió el pecho hasta más no poder. Mujer con una fuerte depresión, sentimiento de abandono, angustia crónica y desvelo infinito, qué otra cosa podía hacer, si hasta la cuidadora la descuidó.

Hoy más calma, (no mi amiga), visité a la siquiatra. Bien, muy bien. Y es que cuando voy tomando consciencia de lo que está pasando, cuando no me juzgo, obsesiono o pierdo la mirada, todo marcha y marcha bien, al punto que comienzo hoy a reducir las dosis de todos los medicamentos que tomo (lamotrigina, aripiprazol, paroxetina y eventualmente zolpidem).

La verdad, la decisión no me extrañó; ya venía por mi cuenta tomando decisiones, antes de que ella me informara. Cómo no hacerlo? Quién conoce mejor lo que me pasa, como para tomar la decisión de qué hacer? Fue pura intuición y perseverancia en sentir que las cosas siguen su curso y que el madero al cual me aferro en medio de los vendavales siempre estaría aquí.

Mirarme a los ojos a través de un espejo, caminar de mi propia mano, contemplar hasta cansarme cómo cambia la luz del día a la noche y tantas otras acciones que día a día voy experimentando, me hacen más viva que nunca. (Vida… cada día me gusta más esta palabra).

Sólo una preocupación me viene asaltando hace algunos meses: junto con la estabilidad, (o más bien la consciencia de ella), vino el tomarle el peso a la falta de concentración, dificultad en los movimientos rutinarios y a veces demasiada lentitud en el hablar.

Cuando recojo algo, debo abrir y cerrar la mano, sin mover el brazo. La siquiatra no supo qué decir, supuestamente lo que tomo y en las dosis prescritas, nada de eso debiese ocurrir. Sin embargo, tengo un historial de medicamentos en mi cuerpo, sesiones de electroshock y de un cuanto hay de tratamientos, no me extrañaría que el diagnóstico previo que me dio un neurólogo sea cierto: desmielinización. Así que a consumir más ácido fólico, vitamina B12 y otras cosillas.

Mi hija

Me alejé del padre de mi hija cuando mi niña llevaba 4 meses dentro de mi. Al regresar, el aeropuerto me parecía vacío, frío y sin vida. Llegar a Chile fue un alivio y el comienzo de una vida llena de cosas que ya muchos de los que me leen intuirán.

El departamento, aún conservaba las fotos y botellas de licor que alguna vez compartimos al son de una caribeña o anárquica melodía. Ahí estaban el mate, los cojines y alfombras que regalé mucho tiempo después por puras ganas de deshacerme de a poco de los recuerdos. Todos esos meses sin ordenar…

Limpié cada rincón y me apresté a recomenzar.

Sí, mi embarazo fue en una acompañada soledad. Sólo mi hija, yo y de vez en cuando mi familia.

Trabajé en el día a día, paso a paso. La pena iba y venía (aún no sabía del TAB). El fuego y el agua eran mis permanentes compañías. Ya sabía que aquello tendría un efecto sobre mi pequeña y sobre todo en mi. Cierto, de ahí en adelante no confié en un solo hombre y me prometí que ninguno sería más importante que mi pequeña, por grande que ella fuera, por más grande el amor por un hombre fuera. No siempre lo cumplí…

Al nacer, seguimos caminando juntas en casa de mis padres; ahí nos dieron el espacio que nos permitió visualizar las cosas de otra manera. También fue el espacio donde aprendieron a conocerme y a re conocerme.

Ya han pasado 15 años. Sigo en casa de mis padres ocupando un espacio de vida y compañía, a nuestra mutua manera. Cada familia tiene sus altibajos y la mía sin duda no es la excepción.

Puedo decir que a pasar de todo, estoy aquí viva…  hasta el día de ayer.

Anoche descubrí que mi hija lleva casi dos años de bulimia. Y yo, ¿dónde estaba? ¿qué hacía? ¿en qué o quién pensaba?

Anoche el dolor me partió en dos. Estoy a punto de perder a mi hija… otra vez.

Esta vez no puedo permitir que mis oscilaciones me saquen del foco más importante de mi vida, de mi historia. Tengo que estar más que nunca de pie y tomar a mi niña de la mano hacia la sanidad.

Ya hemos consultado como una amiga psicóloga. Pronto comenzará su tratamiento y éste involucrará mi presencia, no sólo en algunas sesiones, sino también en todo momento.

Agradecida estoy de estar retomando los días como debe ser, de otra manera no estaría con la cabeza puesta en la mejora de mi niña.

Ahora a lo importante, a esperarla a diario con mi abrazo y mis arrullos.

Al fin, control siquiátrico dentro de dos meses

Todo ha valido la pena: la espera, la constancia, la voluntad, el apego al tratamiento… Ayer la doc me dijo que estaba muy bien, que me veía estable, que no sería necesario vernos dentro de un par de semanas, sino dentro de dos meses. Hace mil años que no escuchaba algo así.

Le comenté lo de la quetiapina; la verdad es posible ir variando su uso según mis estados. La verdad, cuando la tomo, tengo casi todos los efectos colaterales. De hecho, mi caída de la escalera se debió a uno de esos estados de confusión en lo que suelo caer bajo su administración.

Que bien! Me siento muy conforme con la posibilidad de incidir en el tratamiento, siempre informando a la doc qué es lo que hago.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

Cigarrillos y quetiapina

Hoy puedo decir que he dormido 8 horas de corrido, que mis pies están fríos y que mi tobillo está deshinchado. También puedo decir, que aunque he bajado la cuota del cigarrillo, su dosis se mantiene aún vigente en mi sangre. Cierto, mi tabaquismo como condición asumida, posiblemente me va a acompañar hasta la tumba.

Estoy menos angustiada, algo irritable y mareada, con ganas de hacer nada, teniendo tareas que podría llevar a cabo. Lo que pasa es que mi cabeza deambula por otros rincones, se tuerce hasta la bendita hipomanía en ciernes y se mezcla con algo de la pena que suele venir cuando se le antoja. No debería ser así, la dosis de aripiprazol está bastante alta como para caer nuevamente en estados mixtos; pero aquí estoy en un estado de esos en que se combinan la paz con la tortura.

He recibido llamados de amistades y de otros no tan amigos que al parecer notaron que en FB puse una fotografía de los RX de mi tobillo. Eso me da satisfacción, debo reconocer; pero también me deja como entre paréntesis por no poder participar de los otros como quisiera.

Me pregunto si en el estado en que estoy es el más conveniente, asumiendo que estaba saliendo más de la cuenta que he llevado por años. Tal vez sea mejor así. Tal vez iba a ocurrir un accidente mayor por mis mareos, y lo que tengo sólo es un pequeño percance producto del mareo que experimenté al bajar las escaleras.

La quetiapina suele provocarme mareos, estados de confusión y todos esos desagradables efectos colaterales que anuncia la etiqueta de la caja. No es de extrañar que me haya mareado en la escalera. Ya me venía ocurriendo días antes.

Bendita quetiapina, cómo quisiera borrarte de mi vida de una buena vez, pero la verdad, he estado durmiendo bastante mejor. Es un mal menor, por ahora. Tal vez pare en la próxima cita con la siquiatra.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

 

Bendita quetiapina de mis sueños

Llevo algunos días con la quetiapina de regreso, y sólo puedo decir que a duras penas me levanto y me mantengo en pie. Ya me figuro frente a un computador en un lugar de trabajo común y corriente: toda destruida y derrumbada en el suelo. Así es, hace rato que tuve que asumir que no puedo tener un “laburo” como toda la gente que se levanta por las mañanas a cumplir un horario fijo y unas órdenes que someten a una lógica inamovible.

La quetiapina me deja así, toda desvestida, sin ganas de salir de la casa, sin ganas de convivir con otros, sin ganas de escuchar siquiera. No me queda de otra que recurrir al café instantáneo.

Hoy salió el sol después de una esperada lluvia. Mis ojos estaban pegados a la almohada, y mis brazos estaban acurrucados a mi pecho. El celular-despertador… como gritaba ese despertador! No tenía fuerzas para apagarlo.

Sabía que era un nuevo día, que era hora de levantarse para dar el desayuno y peinar a mi hija. Literalmente, me lancé al suelo y me arrastré hasta el baño donde mojé mi cara. Mi cuerpo pesado no me dejaba atinar a ponerme la bata-manta que uso, y abrir la puerta. Fue mi hija quien la abrió primero. Como pude, le trencé el pelo y abrí la puerta para que se fuera a su clase.

Después no pude si no volver a la cama por dos horas más. El sueño me tiró de frente a las sábanas y mis manos guardaron el celular-despertador en la mesita de luz (que cliché forma de llamar al velador la mía). Ni siquiera alcancé a divagar. Dormí.

Desperté por puro asombro. Abrí los ojos ya menos cansados, pero con el peso del cuerpo sobre el colchón. Así me levanté, lavé los platos, le di comida a la perrita y volví a la cama un rato, sólo hasta que recordé que debía volver a terminar algo de una buena vez, algo que podría incluso llegar a ser mi tesis doctoral (risas y más risas). Es sólo la edición de algo que debo armar en cuatro meses.

Me puse a cantar. Y en medio del canto me lancé a la ducha… y aquí estoy, retomando mis labores, junto a un café pre y post cigarrillo.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

Tranquila madrugada de desvelo

Son las 5 am. Cuento una hora de estar con los ojos abiertos. Lavé la loza, fumé un par de cigarrillos, comí un trozo de pizza de la noche anterior, bebí un vaso de jugo y, ahora he resuelto sentarme frente al compu y escribir aquí como si se me fuera la vida en ello.

Estoy tranquila, con una fuerte resistencia a quedarme dormida, resistencia que proviene de mi cabeza que insiste en seguir en pie. No es raro, cuando finalmente cerré los ojos, a eso de la medianoche, aún no estaba convencida de que era hora de ir a dormir.

Hace tiempo ya que no tenía esta sensación de quietud en medio del desvelo. Entonces por qué el desvelo?. Qué va, simplemente porque así es nada más. Para qué voy a cuestionar la situación. Si estoy despierta, pues lo estoy y ya. Escuchar música a esta hora, sin tener en mente a ningún problema, pena, desgarro o simplemente un hombre, es una maravilla.

Así pues me siento: nadie, excepto mi hija, es el centro de mis pensamientos.

Son casi las 6 am. Tal vez debería intentar dormir un poco.

Un abrazo a quien me lee.

Clau