De mi resistencia

Ya basta, cansada estoy de deambular entre la furia y el llanto, el día y la noche, el agua y el fuego. Ya basta, me parece imposible no salir de este encierro abierto de par en par hacia el vacío.

Quién sabe, por estos días la cabeza medio que da vueltas hacia un profundo estar siendo de esos que remueven cualquier quietud, sobre todo la que me habita cuando sólo pienso en mi y mis circunstancias.

Ego y más ego es el que emerge de mi condición de humana-habitante-en-tránsito.

Hoy quiero comentar especialmente estos momentos en los que me niego y me opongo profundamente a la categoría siquiátrica de trastorno bipolar tipo I, de ciclaje mixto y rápido, mi diagnóstico.

Pasa que la primera vez que me hablaron de esa condición en mi, quedé medio aturdida. No sólo porque significaría medicamentación y todo lo que envuelve este estado crónico. -según los que son reconocidos como especialistas en el tema-, sino también porque siempre he sentido y creído que las categorías que contiene al campo de la salud mental son una construcción simbólica que niega las expresiones genuinas de las emociones y las esconde o encierran según sea la necesidad, en un cuarto panóptico.

Es cierto, alguna de esas categorías se aplican a personas que de alguna manera se topan con el hacer daño a sí mismo a al mundo.

Lo cierto es que, -yo hablando sólo por lo que la bipolaridad envuelve-, el acompañamiento y la contención son fundamentales, primordiales, en el manejo de las crisis. Aquí se me escapan las reflexiones que se oponen a la medicamentación y me oriento hacia las condiciones materiales que se involucran en nuestros estados de internación.

Como ya he dicho, cuento 5 ingresos y 6 intentos de esos que buscan terminar con todo. Que sólo he fallado porque he calculado mal el tiempo de llegada de alguien que lo evite. Que por más que he tomado medidas absolutamente determinantes, algo ha fallado… y lo agradezco hoy que puedo mirar a los ojos a mi hija y sus manitas ya crecidas (ya son 15 años desde que vino a mi vida).

Pero, desde mi experiencia, creo que la siquiatría sólo trae más dolor, tanto en su forma como en su fondo.

En su forma, por cuanto modela un estado de cosas de tal manera que restringe nuestra expresión vital. El gritar, lanzar cosas, caminar desnudos por una avenida, hurtar un chocolate, elevar la voz hasta el firmamento, no tienen cabida en una sociedad donde se hacen esas mismas cosas pero con otro nombre.

En su fondo, porque nos somete a un poder que limita nuestras convicciones, porque sí las hay. Nos han hecho creer que no tenemos otra salida que no sea la de rendirnos a los pies de hombres o mujeres que ostentando un delantal, nos conducen a un regimiento en el que las voces se ven opacadas con ruidos de cables y jeringas.

Bronca, sí, lo confieso, bronca por no dejar que respuestas y salidas alternativas a un tratamiento no sean masificadas. Costosos son los tratamientos que venden curanderos y terapeutas que no recurren a la medicina alópata. Cierto, a nuestro alcance sólo está el servicio de salud que dispone de unas cajas de píldoras o en el último caso, de una camilla que puede o no estar pegada a unos electrodos. Al menos ese ha sido mi experiencia, insisto, la mía.

Hoy sólo quiero recordarme que un abrazo terapéutico pesa más que 1.200 mg de litio o 600 mg de lamotrigina, o quizás 15 mg de aripiprazol.

Visita urgente a la siquiatra

Como corolario de las salidas, noté que el desvelo se hizo presente para variar. Nada de sueño, movimientos involuntarios, líbido alta, y mucha pero mucha algarabía, todo de una sola vez. Anoche no podía dormir y tuve que recurrir a una dosis alta de zolpidem. Estoy en el límite, no puedo negarlo, pero a tiempo para frenarlo con ayuda. Y todo por una copa de vino? No lo creo. Es más bien al revés.

Hoy me vi obligada a recurrir a la doc para pedirle los medicamentos que faltaban (lamotrigina, paroxetina, quetiapina, aripiprazol, y clonazepán + zolpidem como S.O.S). Preocupada, notó de inmediato mi aceleración, pero lo comido y lo bailado no me lo quita nadie.

El comienzo de año había que celebrarlo como corresponde. Cómo iba a quedarme en casa después de tantos meses sin disfrutar del aire compartido?? Cómo iba a seguir mortificándome por situaciones que al no tener solución deben dejar de ser un problema?? Cómo voy a frenar mis impulsos por tanto tiempo?? Me niego rotundamente. Y me niego a ser propiedad privada de nadie.

A partir de hoy, cuidaré el sueño del buen dormir, pero por ningún motivo descuidaré mi tiempo compartido con mis amistades, ni renunciaré a conocer gente. No quiero caer nuevamente en el aislamiento (in) voluntario, en la privación del chocolate, en la falta de aire, en la carencia de un fraterno abrazo terapéutico.

Estoy aquí para trabajar mi memoria de corto y largo plazo

Cuando empiezo a escribir “mi compu me mira y me dice que la luna me está afectando… otra vez” tengo una preocupación de segundo orden, es decir, no me preocupa lo que digo y eso me preocupa. Aunque este improvisado jueguito de palabras me lleva a la premisa de que al fin y al cabo todo me preocupa, debo reconocer que no es del todo descabellado.

Esa manía que tengo de estar desgranando todo lo que digo, escribo o leo me ha ayudado a reponer los estantes de la memoria o por lo menos desenpolvarlos. Así es, revolver el gallinero, patear el tablero, romper el espejo, derramar el té, tirar por la ventana la basura (y después, si acaso, recogerla) han configurado una excelente estrategia y táctica de recuperación de la memoria, y, como le dicen algunos a esos procesos tipo ave fénix, de resiliencia o como se diga. Desde mi egocéntrica perspectiva tengo esa capacidad, no obstante todos los recovecos que me toca vivenciar cuando ando disparándome de un cañón o cuando cavo la tierra para cubrirme hasta la calota.

Llegar a esta conclusión tan simple y lata me obliga a estructurar mi pensamiento y me motiva a darle un cierto orden a las cosas (lo que detesto infinitamente, por cierto). Es una paradoja, lo sé, pero es una vía que permite remecerme de vez en cuando porque de lo contrario puedo terminar con los pies descolgándose de algún acantilado o forcejeando con las ruedas de un auto que casi pasa sobre mi.

Todo esto lo digo a modo de declaración de mis estrategias y tácticas de sobrevivencia y más que eso, de vida.  Así que no me queda de otra asumir que mi estrategia es destrucción-deconstrucción y que mis tácticas se movilizan por medio de quebrazones y erradicaciones de materialidades y emociones que me están empujando (me están digo como si fuese algo externo a mi… cara dura) a cometer alguna soberana estupidez. Eso sí., el tiradero de cosas debe tener una condición: que nadie salga herido

Como sea, todo esto me recuerda que tengo que recordar levantarme temprano para ir al cole de mi hija.

A quienes me leen, bendiciones.

Claudia

 

me encontré con unos lagrimones, ¿dónde los dejo?

Retiré un informe de salud que redactó mi siquiatra para justificar mi situación académica. Es para mi, por decirlo menos, desconcertante aunque lo sé de antes no alcanzo a dimensionarlo. Soy una “paciente con trastorno bipolar tipo II, con episodios de depresión y manías con ciclos rápidos, mixtos más de 4 veces en el año con deterioro cognitivo… personalidad limítrofe en observación, disfunción familiar… diagnóstico de enfermedad de mayor complejidad, que requiere de reposo parcial y licencia total… requiere controles cada quince días, sin fecha de término…”. Qué significa para mi todo esto?

No me gusta hablar desde el diagnóstico, sino de mis propias emociones y sensaciones. Desde que tengo uso de razón he vivenciado momentos de extrema lloradera combinada con unas ganas enormes de bailar y salir corriendo detrás de un papalote, llena de felicidad que pareciera imperecedera, pero que se requiere un segundo de vacío para que eso se convierta en el desgarro de mi misma.

Hoy recordé esa sensación, porque es precisamente lo que me está pasando. En este día, todo ha tenido sentido para mi, la vida, las palabras, TODO, la felicidad ha sido deslumbrante. Pero ahora lloro como de memoria, como una autómata que siente que las lágrimas son tan imprescindibles como el oxígeno, es más, son tan necesarias para liberar el CO2 que no puedo ni quiero evitar que se descuelguen de mis ojos.

Voy a dejar que esto siga su curso.

Bonito día, como para no echarse encima un kilo de pastillas dormideras

Trataré de ser legible… anoche me eché encima un par de clormezanonas y de zolpidem adicionales a los medicamentos de base para tratar de dormir. La noche anterior me la había pasado en vela, esperando que llegaran las 5am para ducharme. Mal.

Hoy desperté descansada escuchando a Chopin, leyendo un texto de Maturana, y… fumando un cigarrillo cuando el alba estaba bien arriba.

Ahora pienso en el bien-estar, pero en un sentido amplio de la palabra. Su búsqueda tiene tanto sentido para mi, no sé si tanto para el humano común y corriente no bipolar, pero si para mi, humana corriente bipolar (como si fuera un caso particular de humana, lo digo en un sentido irónico). Creo que sencillamente a eso apunta mi búsqueda de sentido, al sentir-me bien, tal vez ni alcance para la armonía, la estabilidad, la paz en sí. Pero si me preguntaran que es lo que más deseo respecto a mis estados ondulantes, diría que es el sentir-me bien, es decir, estar contenida, caminar aunque me caiga mil veces, cantar, bailar, tomar a la pena de la mano y consolarla cuando me deje, saltar dando tumbos evitando caer sobre alguien, comer y disfrutar de lo que como (ahora disfruto unas tostadas con miel y un té) y estar concentrada en cada una de esas cosas que me hacen sentir cuando toco o me tocan, simplemente sentir.

Estoy auto-estigmatizándome?

A veces me sorprendo hablando fuera de foco. En una reunión familiar de hoy comencé a increpar, (según yo de manera correcta) puntos de vista opuestos respecto a la salud mental. Y es que cada vez me vuelvo más intolerante frente a personas que no entienden que esta tontera de enfermedad es crónica,  que necesitas las tomas de medicamentos, pero por sobre todo que no te vuelve más o menos violenta que en una persona que no esté diagnosticada como bipolar.

Cada cierto tiempo me recuerdan que la razón por la que no puedo vivir sola, menos con mi hija, es que en cualquier momento me viene una recaída y puedo tirar todo por la borda.Ya me convencí de ello.

También se me dice que con tanto remedio me volveré una verdadera demente. Sin ir más lejos, tras escuchar en familia un reportaje por la TV acerca del efecto del uso de las bensodiazepinas sobre el aumento de la probabilidad de tener demencia, casi a coro dijeron “eso es lo que te pasó!!”. Claro, yo ya lo había asumido como un atributo propio.

Siento que entre mis más cercanos no tengo credibilidad, al menos la mayor parte del tiempo. Ni siquiera se me reconoce que en escenarios de tensión suelo ser la que primero se asoma a ver qué pasa. Ahí claro, salgo yo diciéndome que por ser bipolar puedo ser más temeraria. Y por qué no? Acaso no lo he sido?

Ahora que me miro con detención, con el mar como testigo, creo que tengo identidad de bipolar auto-estigmatizada, y eso es francamente ridículo. Por qué? Porque creo que no tengo ni más ni menos de locura que el resto, sólo que me lo vivo más intensamente.

Abrazos

Creo haber encontrado la manera de activarme sin salir disparada del suelo

UuuuaaaaaaaH! que tranquilidad suprema. Anoche sólo desperté una vez y eso ha sido uno de los mayores logros dentro de los últimos 6 meses. En parte creo que se lo debo a la toma de agua de toronjil, también conocida como “agüita para la pena”. Bastó una taza y me preparé para dormir.

Ayer casi me caí de tanto activismo cerebral, o como se llame. Anduve de una lado para otro. Caminaba por toda la casa como buscando remedio para obtener la tranquilidad. Si no me freno, salgo volando por la ventana, pero finalmente sólo cedí a la copita de alcóhol de 28 grados. Alguien dirá que esa fue una recaída por mi vieja historia de alcoholismo… eso fue hace casi 20 años. Pero yo creo que fue una vía de enfrentar el fuego con el fuego.

Me estoy mirando en el sol nublado en esta mañana llena de nubes. Que agradable es sentir los pulmones llenos de humo disputándose con el oxígeno que emana de este árbol bendito. Qué más puedo pedir, ah, si, tengo que ir a despertar a mi hija para cumplir con lo prometido: debemos organizar el proceso de estudiar durante este año. Ya se lo dije, si no se enamora de las letras no le voy a exigir nada. Pero ella, grande ella, tiene más voluntad de sentido que todos aquí en esta casa. Qué ganas de salir a caminar por el cerro que tan cerca está de mi puerta. Pero ella, mi niña, no quiere salir. Qué tal si invento un viaje insondable en mi cabeza?.

Pues bien, creo, sólo creo haber encontrado la manera de activarme sin salir disparada del suelo: tirarme de espalda sobre el suelo frío con los ojos cerrados escuchando esa música que me arrebata de mis arrebatos: Redemption Song.