Botoncitos de muestra: mis desatinos

En mi época de teatrista (porque no tengo el descaro de llamarme actriz por respeto a quienes lo son por haber estudiado sistemáticamente, y no como yo, que lo llevo por programación), solía prepararme de las formas más bizarras posibles. Cómo olvidar el pre calentamiento al son de un canto gregoriano (Doona nooobiisss paacem, pacem!), o el llamar gilipollas a un público animado ante la visión de un personaje que insistía en interactuar con ellos sin salirse de sus casillas. Esto me hace reir, cómo fue posible tanto rollo…

O cómo olvidar ese día de un congreso de sociología en el que se hablaba del cuerpo como punto de emergencia de lo social. Fue una exposición bellísima… y ahí salí yo con unas preguntas de aquellas que más bien pertenecían a un encuentro de científicos locos. Cómo se me ocurre preguntar por la relación entre cuerpo y sistemas tecnológicos que entran en disputa, se generan controversias y de ahí deriva la acción colectiva y la $%#!. No sé, no me daba cuenta, la verdad. Y los expositores ahí escuchando con cara de carcajada… Y yo, ni bochorno que me acompañe…

No puedo olvidar como ligué a un hombre en una reunión para luego acusarlo de hostigamiento con mi enamorado que por entonces medía 2  metros (jajaj). Pobre, pagó todas sus culpas. No, si tengo de las que me pidan.

Recuerdo las mañanas de mi época de alcohólica desayunando una botella de cerveza arriba de un bus, junto al que por entonces era mi pareja, un desaliñado hombre que más parecía viejito pascuero de ultratumba que otra cosa.

Ejemplos de desatinos tengo por montón. Aún recuerdo como después de una sesión espiritista llevada a cabo por mi, salí corriendo mientras cantaba y bailaba al son de una canción de Fito Páez (eso fue por ahí por el 90). Conciencia de eso, tengo; conciencia de lo bochornoso, ni idea.

Todo esto paró el 2011, por suerte. Desde entonces llevo mi tratamiento casi al pie de la letra. Estoy a punto de cumplir 42 y espero estar más centrada para esta fase que quiero iniciar de cordura (o cómo se llame a esta fase).

Podría seguir, pero para qué ponerme más en evidencia. Lo dejaré para la próxima.

Un saludo a quien me lee.

Clau

Me preguntaron por qué no tengo pareja estable

Tamaña pregunta. No sé si se deba o no a mi condición de bipolar, sólo puedo decir que como posiblemente algunos y algunas podrán compartir conmigo, es re complicado, tal vez no tanto para uno como si lo es para quien está con nosotros. Al menos yo soy un fiasco.

Si pudiera calificar en una palabra la principal emoción que termina aflorando en mis relaciones de pareja, es la ira. Sí, el enojo, la frustración y el desapego que emerge ante ella. El mío es sin duda un amor egoísta-condicional-efímero-circular-permanente-ausente… quién puede tolerar todo eso? Quién puede entender que uno quiera estar estar en soledad y en compañía a la vez. Quién puede hacer el amor sin límites, pero sólo hasta que salga el sol o llegue la noche, según sea el caso… pero sin abandonar? Las excepciones que conozco son tan especiales que huyo.

Mi primer matrimonio (sí, me casé), fue a los 22 años. Él era un hombre ecuánime, aunque posesivo (obviamente no fue el primero en mi vida). Mientras estuve en una fase de melancolía eso resultó bien durante un año, luego, vino la manía y los desbordes a la orden del día. Cuando por fin nos separamos (en realidad yo lo eché), entré al borde de la locura, perdí el juicio, y aunque me buscó una y mil veces, no quise regresar. Ya había conocido al hombre para mi vida, para ese momento.

Hombres he conocido por montones, pero HOMBRES, pocos. Cuando digo hombre con mayúscula, me refiero a varones que son capaces de esperar, entender, y arremeter en el momento indicado por las señales que doy a través de la mirada o un gesto casual. Creo que es tremendamente agotador, por cierto, pero esa soy yo.

Y aquí me tienen, arrancándome de los compromisos, por pura “generosidad” de mi parte, no quiero que alguien se pegue contra un mosaico fluido en el que lo mismo me encuentra que me pierde. No sé, tal vez algún día rompa el patrón, pero quién lo sabe. Por ahora estaré así tal cual, sin cambiar nada, concentrándome en estar bien dentro de lo que se pueda, y sobre todo que mi hija no vuelva a ver un descalabro en mi vida erótico-romántica como lo vivió dos veces (el resto pasó desapercibido). La primera vez me fui de la casa, precisamente para que ella no saliera afectada. Duró 6 meses. Nada más tóxico que una relación entre bipolares tipo I, mixto y de ciclaje rápido. Fui a parar al siquiátrico por abuso de alcohol e intento de suicidio frustrado por una mano divina. La segunda vez, fue un arranqué de 1 mes. También fuera de casa. Vivir con mis papás ha sido la única manera de sobrevivir como madre, de volver al punto de equilibrio, al cero como le llamo.

Ahora estoy refugiada en mi casa. A veces salgo, otras me escondo y otras, bueno, ahí se ve, el amor que puedo compartir está vigente.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

Una copa de vino, sólo una

Hace años, antes de ser madre, fui alcohólica; bebía 12 horas al día los 365 días del año. Según yo, el pan con mayonesa me hacía impermeable y la verdad, claramente no era cierto. Bebía hasta perder el conocimiento, y cuando regresaba, quería algo más para seguir viviendo.

Fue el tiempo de los brotes de manías combinadas con severas depresiones, todo casi al mismo tiempo. Me hice pedazos, recuerdo ahora. Sí, casi todo lo que describe una manía me cubrió toda, entera. Cometí actos de los que me avergüenzo y que aunque los saco a relucir en estas líneas, no tengo palabras para describirlos. No ahora. Hoy en día tengo algo de pudor.

La bebida, así como la conocí hace dos décadas, no ha vuelto; pero algo quedó en mi de todo eso, porque cuando veo una botella de ron o una botella de vino, confieso que sólo quiero correr y tomar una de ellas al seco. Este es quizás uno de los riesgos que más me rondan hoy.

Una vez que quise tener a mi hija, luché contra eso con todas mis fuerzas. Bebí hasta el primer mes una copa de vino a la semana, luego nada. Me desintoxiqué y fue duro, muy duro.

Dejé el cigarrillo por cinco años y evité las salidas de todo tipo. Yo quise ser madre y tenía que hacer algo para evitar dañar a mi bebé. No fue fácil. Pasé por serios momentos de rechazo y desesperación por la situación. Pero aquí estamos. Reemplacé el alcohol por el cigarrillo y el chocolate. No se comparan, cierto, pero casi no me dan ganas de beber.

Recordé esto, porque anoche, festejando en una velada familiar, quise tomar una copa de vino, sólo una. Y en este momento mis ojos se pusieron a llover. (“Vamos que se puede”, me digo).

Lo que me deja tranquila es que mi hija está a unos pasos de mi, leyendo. Me espera para compartir lo que queda de este domingo.  Hemos estado solas desde la mañana, y ha sido increíble. Esto me recuerda por qué aún sigo aquí, viva y con ganas de seguir estando presente, en el ahora, pase lo que pase.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

Otras vez las manos sudorosas

El cuerpo me tiembla, las manos están porfiadas y las piernas no paran de moverse de un lado a otro. La espalda húmeda me tiene semidesnuda con un ventilador al límite frente a mi cara. Tengo algunas lágrimas y sonrisas a medio salir. Mis ojos tienen la pupilas en una tonalidad pocas veces vista por mi. Me duele la vida en este momento, a la vez que agradezco la paciencia de mi ante mi. Estoy recogida en mi cuarto y no quiero salir hasta que al menos la moledera en mi cabeza pare de una buena vez.

Trato de parar esto sin pensar en la causa, los motivos, el entorno, lo que sea que haya gatillado todo este estado de cosas. Al parecer no hay nada visible a que culpar. Y quién soy yo para culpar a cualquier cosa por mi estado? En este minuto no sé cuál debe ser la táctica o la estrategia a seguir. Sólo me quedaré quieta, muy quieta hasta habituarme a la marea.

Son pasadas las 6 pm y falta mucho para el momento que permita justificar meterme a la cama a dormir. No quiero dormir, sólo una justificación para no salir de aquí y quedarme conmigo misma, sin pensar en los demás. Yo y mis principios de justificación.

Sigo temblando. Creo que la ansiedad está tomando su espacio. Recurriré a un clonazepán, sólo un poco para no acostumbrarme como ha ocurrido en más de una oportunidad.

Esto no me la puede ganar. Aunque tengo ganas de rendirme y parar todo, no puedo , no puedo, no puedo, no quiero. Esperaré hasta que salga la luna y me meteré de cabeza a la cama sin cubrir ni una parte de mi cuerpo.

Debo parar esto de alguna manera. Este fin de semana huiré al mar, no a encontrarme con Alfonsina Storni o la Violeta Parra, sino a encontrar el agua salada que me limpia de veras.

Al menos escribirlo me hace calmar las manos y mi cabeza. Buena señal. Sólo me quedaré quieta, quieta, hasta dormirme en algún momento.

Un gran abrazo a quien me lee. Todo estará bien. Siempre es así.

Clau

Y si me siento bien, qué?

Que manía la mía de estar coartando la libertad de desplegarme en el viento sin medida alguna. Como si no me gustara estar rodeada de la amalgama perfecta entre libertad y descriterio.  Así es, me gusta este abanico de vidas en medio del mar turbulento y candensioso. Así que a disfrutar se ha dicho y el después, bué, lo veré después.

Hoy siento mis pulmones llenos de aire, pero llenos de ese aire que entra con viento y sol incluidos. Es como una etapa de plenitud desmedida, sin límites, sin miedo a nada, ni siquiera a la muerte. Ni siquiera a esa muerte.

Ahora ni me llueven los ojos, sólo están alumbrados por unas ojeras de tornasol radiantes y decidoras de mi estado actual. En parte de lo debo a mi trabajo, tan distinto a lo que estaba acostumbrada a hacer. Creo que encontré un nicho ideal para desenvolverme laboralmente. La gente con la que trabajo es re linda y me han recibido excelentemente.

Como sea, no puedo negar que algo de preocupación está por ahí latente, sé que esto es temporal, pero y qué (yo y mis profecías autocumplidas). Hoy sólo quiero disfrutar de esta sensación y libertad y descriterio. Bien por mi.

Un abrazote a quien me lee.

Clau

Desvelo laboral

Acostumbraba a trabajar hasta que las velas no ardían. Era cuando mi cuerpo y cabeza estaban disparados por el aire y no cabía en mi una gota de cansancio. Días sin dormir, horas por vivir, calles por aplanar, amores que conocer. Cierto, por esos días me la pasaba cantando sin temor a que me escucharan. Sin embargo, al poco tiempo venía la sombría noche de desvelo inconducente, el cigarrillo implacable en mis pulmones, la risa escondida de mi vista, la pena infinita por compañera y las ideaciones a la vista desde la primera luz del día. Así es, después de semanas de estado de euforia viene una de esas mareas que me lanzan lejos, tan lejos que pierdo la perspectiva de las cosas y las ganas de seguir estando en esta tierra.

Hoy noto que esa amalgama de cosas está haciéndose presente. Que mis energías están desbordándose, que mis piernas no paran de moverse, que el optimismo se desborda ante mis ojos y que para todo existe el consuelo. Es maravilloso si no fuera porque sé que en algún momento tendré que navegar en contra del viento. Anoche trabajé incansablemente, con la energía de todos los vientos, con las manos rápidas sobre el teclado y la manía de terminar todo antes de tiempo. Suena bien, pero para mi es una advertencia.

Creo que es hora de bajar los antidepresivos. La visita a la siquiatra se aproxima y no quiero que me vea así.  Como sea, es bueno darme cuenta de todo esto antes de que se obnubilen mis ojos.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

Visita urgente a la siquiatra

Como corolario de las salidas, noté que el desvelo se hizo presente para variar. Nada de sueño, movimientos involuntarios, líbido alta, y mucha pero mucha algarabía, todo de una sola vez. Anoche no podía dormir y tuve que recurrir a una dosis alta de zolpidem. Estoy en el límite, no puedo negarlo, pero a tiempo para frenarlo con ayuda. Y todo por una copa de vino? No lo creo. Es más bien al revés.

Hoy me vi obligada a recurrir a la doc para pedirle los medicamentos que faltaban (lamotrigina, paroxetina, quetiapina, aripiprazol, y clonazepán + zolpidem como S.O.S). Preocupada, notó de inmediato mi aceleración, pero lo comido y lo bailado no me lo quita nadie.

El comienzo de año había que celebrarlo como corresponde. Cómo iba a quedarme en casa después de tantos meses sin disfrutar del aire compartido?? Cómo iba a seguir mortificándome por situaciones que al no tener solución deben dejar de ser un problema?? Cómo voy a frenar mis impulsos por tanto tiempo?? Me niego rotundamente. Y me niego a ser propiedad privada de nadie.

A partir de hoy, cuidaré el sueño del buen dormir, pero por ningún motivo descuidaré mi tiempo compartido con mis amistades, ni renunciaré a conocer gente. No quiero caer nuevamente en el aislamiento (in) voluntario, en la privación del chocolate, en la falta de aire, en la carencia de un fraterno abrazo terapéutico.