Temblores

Ayer comencé con breves estertores en el cuerpo. Incliné la barbilla y tiritaba.

En este minuto que estoy sentada, siento que mi cuerpo tiembla y duele. Creo que debe ser la medicación y la fibromialgia, no le doy otra explicación.

Ya me han reducido las dosis, pero sigue. Tal vez es parte de todo eso. Como sea, sé que de alguna manera, placebo o no, tener esos pedacitos químicos han evitado que vaya a parar nuevamente al siquiátrico. Claro, acompañado de todas las cosas que he aprendido a lo largo de estos años.

Como no recordar, muy de vez en cuando, los días en que fuera de mi, me llevaban, casi arrastrando, a un lugar en el que el encierro era parte de los días. Hoy me parecen tan lejanos, pero a la vez, tan llenos de aprendizaje. Como cuando otras internas, compañeras de los días de encierro, me mostraban sus estrategias de sobrevivencia. Algunas más, otras menos, tenían su modo particular de salir de las crisis, así fuera a punta de martillazos. Como olvidar ese día de la revuelta (lo describo bajo la categoría Hospitalización), día en que me paré frente al director del recinto planteando nuestro pliego de peticiones por las malas condiciones de nuestra estadía. En fin, todo eso y mucho más, se ha constituido para mi en fuente de eterno aprendizaje.

Ahora, volviendo a los temblores, me digo ¿qué más da?

 

Sí, ya sé, la fibromialgia es autoprovocada

Cuento 4 horas recostada en la cama, símbolo de procrastinación ante tamaña tarea que tengo por delante con mis deberes. Pero es que hoy, particularmente hoy el dolor irradiado me ha sumergido en un mar de lágrimas y sudor. Mis piernas inquietas, mi espalda pesada, me llevaron de frente a un golpe en la frente, justo cuando habría la puerta de la lavadora. El moretón ya no está morado, a penas llegó el golpe tomé hielo y lo deposité unos minutos en el lugar comprometido.

Cómo llegué a esto?

Partí el día como cualquier otro, medio dormida me dirigí a fumar el primer cigarrillo de las 6:30. Mirando el césped, me entretuve mirando el celular mientras la cachorra miraba de lado mi cara. Había paz, traté de tener mi mente en blanco por unos minutos, pero ahí estaba, era el tiempo que corría y que me movía a levantarme para dirigirme a la cocina donde preparo el desayuno de mi hija. Todo bien hasta ese momento.

Tomé una ducha caliente y ahí comenzó todo esto. Mis manos dolían, la espalda suplicaba unas horas más de sueño y mi cabeza se fue de picada contra la pared.

Examinando las cosas que están pasando a mi alrededor, no hay tanta novedad, excepto una: viene el padre de mi hija, quien vive a varios miles de kilómetros al norte de este sureño país. Debo reconocerlo, aunque viene cada 2 años, siempre hay algún momento en el que viene a mi memoria la imagen del aeropuerto con la barriga entre mis manos. Me estaba arrancando de ese país con 4 meses de embarazo. He ahí una posible causa de mi fuerte dolor corporal? Puede ser, tal vez estoy reprimiendo el dolor que trae consigo ese recuerdo de sentir que me tocaba seguir adelante con la vida mi hija y yo.

Hoy día toca salir de esta pesadez y recobrar el aliento, como tantas veces.

Fibromialgia y la voluntad

Me dijeron una vez que la fibromialgia es como un resfriado mal cuidado; así lo parece en mi.

Tan bien que venían los días y ayer, de pronto, caí a la cama llena de dolor. Si hasta los dedos de los pies se retuercen…

Ayer hasta tuve que formatear mi pc para seguir trabajando, más encima, se cayó el internet y mi hija está enferma.

Hoy apenas soporto el dolor, me duele, verdaderamente me duele todo el cuerpo.

Pedí ayuda en el trabajo y qué decir, súper apoyo.

Ahora voy a parar el carro de mi vida, no vaya a ser que se despierte el gigante que emerge justo en medio de la marejada.

Tregua para mi espalda

Me levanté con la mañana bien mañana, de esas en que alumbra el frío y la calidez al mismo tiempo, antes de las 7 am.

El agua de toronjil hizo efecto: dormí plácidamente casi sin sentir como la espalda, fundamentalmente, era arrastrada a la pérdida de sentido de la calma. No estuvo mal, acostarme temprano siempre es bueno para evitar recaídas y sobre todo para despertar la lucidez, tan escasa que anda.

Ahora, a continuar laborando.

 

 

Siento mi cuerpo un poco roto

Ni analgésicos ni masajes, ni baños de inmersión ni descanso. Nada, pero nada me ha quitado esta pesadez del cuerpo, este caminar a veces torpe, a veces triste.

No es el próximo cambio de estación, ni la pena, ni el glorioso estado hipomaníaco. Estoy bien, sólo que mi cuerpo me está doliendo cada vez más y eso me reduce. Algo me está diciendo, lo sé, pero por ahora no hablamos el mismo lenguaje; se me rompió el aparato que traduce el lenguaje corporal a un lenguaje entendible por mi.

¿En qué estoy hoy día?

Un día a la vez, esa es la consigna, pase lo que pase, siempre. Por eso, suelo hacer un alto en medio de la tarde para percibirme, sentirme, leerme y abrazarme. Hoy no ha sido la excepción.

El día amaneció con dolores en el cuerpo, cansancio crónico, pesadez en la sonrisa y punzadas en la cabeza… pero mi mente clara, activa, calma, controlada.

Es usual que los días de nubes cargadas de agua siembren en mis días un dejo de soledad interna, como si las aguas se estancaran y dejaran de fluir temporalmente. Siempre es así: el agua vuelve a tomar su curso.

No niego que ese curso puede volverse vendaval de vez en cuando, pero el madero siempre está aquí para sostenerme firme y sin dudar que pronto acabará.

Sí, hoy ha sido un día de reflexión ante el dolor de mis músculos y la cronicidad del sueño y la fatiga.

Bendita fibromialgia de mis días, vienes con todo para luego llevártelo.

 

De mi dormitorio y su limpieza

No he aseado mi rincón desde hace un mes. Lo he notado hoy que miré por debajo de la cama.

Ya no recuerdo en qué momento comenzó mi fatiga crónica. Duele y harto. Es permanente y lastimero. No soporto estar sentada más de 15 minutos frente al computador, y cuando voy a comer, debo tener mis piernas en constante movimiento.

¿Qué puedo hacer? Es mi estado natural.

Intento poner mi mente en otro lugar, en uno donde el dolor no esté y mi cabeza deje de patalear por no tenerla en un ambiente limpio.

Y aquí estoy, con ganas de limpiar. Esperaré a que se me pasen…