Vivir de la mano conmigo y los demás

Me tomó años en asumir que los vendavales en los que me he visto envuelta son producidos por algo que se comporta de manera crónica. No es que no ponga en tela de juicio los avances de la siquiatría en la materia; creo que en la medida que incorpore abiertamente la perspectiva de quienes convivimos con la bipolaridad, está bien. Lo cierto es que en mi sé que algo no funciona y la verdad funciona re mal. Sin embargo, hoy por hoy esa marea que sube mi cuota de serenidad contiene muchos maderos de qué sostenerme.

Un estado de eutimia no tiene por qué ser una condición de permanente estabilidad; creo que más bien puede tratarse de experimentar los vaivenes con la posibilidad de no desconectarme de la conciencia de que aquello ocurra. Claro, mis lágrimas deambulan por aquí, y mis asaltos al refrigerador y la pereza de mi calma aún se ventilan por estos lares, pero aquí estoy, con la mirada atenta a rescatarme cuando se me va de las manos. Ahora, el rescate, creo, va de mis manos, pero también de las manos de otros: mis imprescindibles.

 

¿Qué estoy haciendo para estar tranquila?

Ya es un lugar común decir que para quienes convivimos con la bipolaridad necesitamos de cierto orden y disciplina, relaciones humanas, y un largo etc., pero, ¿y quién lo quiere? o más bien, ¿quién puede sobrellevar una vida de monitoreo de las emociones mientras se está en medio de una marea de depresión y/o (hipo) manía?

En mi experiencia es crucial encontrar entre la maleza algún sentido para vivir, y no me refiero solamente a personas significativas como hijos/as, pareja, familia, etc. De hecho, mi familia es el principal sentido a no seguir aquí cuando viene la idea, por la noción de estorbo que emerge.

Hace unos días me declaré en eutimia relativa; creo que no ha salido de la nada. Siento que los medicamentos y algo de paciencia han ayudado.

Hay algo que me animé a hacer, algo que resulta muy narcisista pero fue un recurso básico para verme y saber de qué estoy hecha: hice una cápsula con fotos mías en distintos estados. Mientra los hacía, lloraba, reía, me quedaba pasmada, etc. Cuando terminé el trabajo y lo vi lloré a mares. el tema escogido de fondo fue “Tu locura” de Cerati, y claro, si estoy diciendo “ya no hay más que hacer, sos tu propia ayuda”, es claro que no creo en nada más, pero también que creo en mi.

Hay miedo, claro que si. Hay angustia, si, claro. Como dije un día, no es que no hayan oscilaciones, están aquí machacando mi cabeza, pero aún tengo la voluntad de quedarme quieta y esperar a que pasen cantando una canción.

Que perna yo.

Septiembre

Poniendo el mundo entre paréntesis… el mes dibujó en mi unas cuantas sonrisas, desvelos, inquietudes, desamores, resquemores, fantasías y tranquilidades pocas veces vistas en el año. Claro, no tengo una sola frecuencia por donde pasan mis estados; de eso estoy consciente hace un buen rato ya. Pero este mes ha sido distinto. Ni las alergias han derrumbado la esperanza y eso, eso para mi es pensar en colores en medio de la marejada.

Hoy desperté a las 5 am después de haber dormido con la ayuda de un zolpidem. Tenía que ser así, contaba un par de días de insomnio y ahí entro en un terreno empedrado.

La concentración desaparece a ratos, y a ratos viene la holgura del tiempo de ocio. Bendiciones hay a mi alrededor dentro de todo. Por qué quejarme de los lagrimones que aparecieron en los días que anunciaban el despertar de las flores y todo eso? O por qué renunciar a las ansiedades que emergen en medio de la luna?

Espero que octubre se vista de la primavera más linda de la década.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

 

Y qué es la eutimia (para mi)

“eu”=correcto, normal o verdadero; “timia” hace referencia al estado. Entonces, la eutimia en sentido etimiológico es un estado “normal”. Pero la curva normal en estadística va de un lado a otro, con distintas posibilidades de arriba y abajo. En consecuencia, la eutimia no es la ausencia de oscilaciones, sino el apego a esta curva que ya en sí tiene variaciones que siguen un patrón. Es natural, la vida misma no es lineal ni absoluta.

Bueno, de ser así, para mi la eutimia no es la ausencia de cambios en las emociones; es más bien un estado en que aún existe una conexión con la realidad; es decir, saberse de una condición de persona humana, en calidad de madre, padre hijo, hermana, hermano, amigo, amiga, ciudadano, y un largo etcétera.

Según los siquiatras, presento un cuadro mixto crónico, por eso para mi, mientras esté en condiciones de autollamarme madre, y sobre todo, oír que mi hija me llama así, puedo decir que estoy en eutimia. Lo de los vaivenes, se verá, no estarán ausentes, pero qué va, forman parte de mi.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

Me vine frente al mar para apaciguar mis propias olas

A las oscilaciones se les enfrenta sin enfrentarlas. Hay que pasearlas, experimentarlas, sentirlas, hasta que no se dé más. Creo que no es suficiente un tratamiento, el que sea, del tipo que sea.  Tampoco la voluntad lo es todo, es en sí una ayuda primordial, una vía de salida, qué duda cabe. Pero a esto, por mi experiencia, se le camina despacio y de lado, con los ojos fijos, pero cubiertos para que no entre el agua.

Así me relaciono con el mar de mis emociones, a pura no resistencia. Ahí se viene la ventolera acompañando el vendaval de olas fuertes; acá estoy esperando con toda mi serenidad disponible. Si no está la serenidad, al menos está la esperanza de seguir por aquí, pase lo que pase.

Eutimia le llaman a ese estado en el que las oscilaciones no se presentan con la magnitud con que se conoce el TAB; eutimia le llamo yo a ir de un lado a otro con las manos apretadas a un madero que si bien se mueve, siempre regresa a la orilla.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

El día y mis coordenadas

Aún no finaliza el día y mis canciones han vuelto a estar en mis oídos. Sí, de pronto la lluvia y el viento limpiaron mi cabeza de esas nubecitas que deambulan por estos lares de vez en cuando.

Cuando me levanté, no había espacio en mi dormitorio que no tuviera alguna señal de haber sido invadida por el dolor que provoca la marea alta: libros esparcidos a medio leer, el compu lleno de páginas abiertas; 3 cajetillas de cigarrillos vacías, ropa tirada sin lavar… Si hasta hace una pocas horas estaba escuchando los dolores de la Violeta Parra.

Decreté volver a la eutimia, como un mandato a experimentar pase lo que pase. De ese deseo nació mi voluntad para seguir viviendo un día a la vez, como si en ello se me fuera la vida, aunque eso suene a demasiada intensidad.

El día me tiene así, con deseos de compartir con calma, con el deseo de respirar a flor de piel; con las manos agitando un pañuelo blanco frente a la desidia que provoca la marea que se retira y regresa; y con ganas de poner mi cabeza en la almohada por un rato.

Estoy justo aquí y ahora, abrazándome de veras con esperanza, y todo porque de repente tomé la decisión de salir a caminar hasta las faldas de un cerro cercano, y entregar mis miedos a la madre tierra. 

Para mi, de la enervante efervescencia se sale apagando un poco la luz y mirar de reojo la salida;  de la pena que tortura se emerge cantando una canción de esas que inflan el pecho, y sin la melancolía por compañera. Nada más ni nada menos

Un poderoso abrazo a quien me lee.

Claudia

Vamos bien

La vida me cambia cuando baja la dosis de quetiapina o se reduce a su mínima presencia. Los efectos colaterales de los medicamentos me habitan sobremanera cuando paso el umbral de la cordura. Cierto, ando como alma en pena.

No estoy muy creativa, ni acelerada, ni ansiosa, ni devastada por la pena. Son buenas noticias para mi y mi familia; acostumbrada a verme con ojeras púrpuras y el paso acelerado o aletargado según sea mi estado emocional.

Hoy amanecí a las 7 am, dormí 8 horas justas y necesarias para empezar un día con calma, sin apuros, y sobre todo acompañada por mis imprescindibles.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia