De las pérdidas

Caminar, cantando, una urbe desolada, justo al final del invierno, vivirá por siempre en mi recuerdo.

Guitarrear la canción valiente de la Violeta o algún disco ácrata de aquellos, no morirá tan fácilmente dentro de lo que conozco como memoria.

Descubrir las flores justo sobre mi almohada, una taza de café sembrada sobre mi brazo, de la mano de una silueta incondicional, seguirá siendo uno de los dibujos que se mantendrá en mi pared.

Bucear entre las nubes de la gran isla del Caribe, sembrar la semilla más poderosa de mi historia, estará entre las más inefables de las bendiciones.

Haber conocido la luna llena titilando sobre el Atlántico y tener en mi memoria el lecho de un río, dunas y rocas entre mis piernas, siempre será el mayor de los últimos regalos.

Y así, remembranzas más, remembranzas menos, les presento las pérdidas emocionales más significativas de mi vida.

Viola chilensis

A la Violeta Parra le estalló la sien un 5 de febrero de 1967. Hoy le dan justo, cínico e hipócrita homenaje, como si cuando rasguñaba la guitarra lo hiciese sin pensar en la vida de los que eran arrastrados al dolor.

Sus manos tejieron arpilleras de vida y colores. Sus pies recorrieron el desierto y el monte, el cemento y los adoquines. Y ahí partía, rumbo a la tierra campesina, a puro aprender de sus acordes y melodías de lo humano y lo divino.

Conoció del agua su virtud y del fuego su inclemencia. Besó con el fulgor más claro y mezquino. Sembró incluso en contra del viento y aplanó las calles, así se le fuese la vida en ello.

Sí, algunos pueden recordar su porfía y testarudez; otros la mano empuñada y la frente erguida como nadie. Pero hoy la recuerdo en su más clara herencia, sus arpilleras, su Amor, su Gavilán y su Gracias a la Vida.

 

Me preguntaron por qué no tengo pareja estable

Tamaña pregunta. No sé si se deba o no a mi condición de bipolar, sólo puedo decir que como posiblemente algunos y algunas podrán compartir conmigo, es re complicado, tal vez no tanto para uno como si lo es para quien está con nosotros. Al menos yo soy un fiasco.

Si pudiera calificar en una palabra la principal emoción que termina aflorando en mis relaciones de pareja, es la ira. Sí, el enojo, la frustración y el desapego que emerge ante ella. El mío es sin duda un amor egoísta-condicional-efímero-circular-permanente-ausente… quién puede tolerar todo eso? Quién puede entender que uno quiera estar estar en soledad y en compañía a la vez. Quién puede hacer el amor sin límites, pero sólo hasta que salga el sol o llegue la noche, según sea el caso… pero sin abandonar? Las excepciones que conozco son tan especiales que huyo.

Mi primer matrimonio (sí, me casé), fue a los 22 años. Él era un hombre ecuánime, aunque posesivo (obviamente no fue el primero en mi vida). Mientras estuve en una fase de melancolía eso resultó bien durante un año, luego, vino la manía y los desbordes a la orden del día. Cuando por fin nos separamos (en realidad yo lo eché), entré al borde de la locura, perdí el juicio, y aunque me buscó una y mil veces, no quise regresar. Ya había conocido al hombre para mi vida, para ese momento.

Hombres he conocido por montones, pero HOMBRES, pocos. Cuando digo hombre con mayúscula, me refiero a varones que son capaces de esperar, entender, y arremeter en el momento indicado por las señales que doy a través de la mirada o un gesto casual. Creo que es tremendamente agotador, por cierto, pero esa soy yo.

Y aquí me tienen, arrancándome de los compromisos, por pura “generosidad” de mi parte, no quiero que alguien se pegue contra un mosaico fluido en el que lo mismo me encuentra que me pierde. No sé, tal vez algún día rompa el patrón, pero quién lo sabe. Por ahora estaré así tal cual, sin cambiar nada, concentrándome en estar bien dentro de lo que se pueda, y sobre todo que mi hija no vuelva a ver un descalabro en mi vida erótico-romántica como lo vivió dos veces (el resto pasó desapercibido). La primera vez me fui de la casa, precisamente para que ella no saliera afectada. Duró 6 meses. Nada más tóxico que una relación entre bipolares tipo I, mixto y de ciclaje rápido. Fui a parar al siquiátrico por abuso de alcohol e intento de suicidio frustrado por una mano divina. La segunda vez, fue un arranqué de 1 mes. También fuera de casa. Vivir con mis papás ha sido la única manera de sobrevivir como madre, de volver al punto de equilibrio, al cero como le llamo.

Ahora estoy refugiada en mi casa. A veces salgo, otras me escondo y otras, bueno, ahí se ve, el amor que puedo compartir está vigente.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

Caramelos de miel y vigilia

Ha sido difícil para mi sentarme frente al computador para contar en qué estoy. La verdad, las novedades no alcanzan a tomar vuelo, por lo que las menciono apenas si es que el tiempo no se las quiere llevar. La frase que describe mi estado es “caramelos de miel”, o a la espera de que pase el tren que me quiere llevar.

Aún me rehúso a ser embarcada en proyectos de a dos. Es como si se me fuera la vida en ello. Mi individualidad e individualismo me han hecho presa de la libertad, de la bendita libertad. Así es, y bueno, qué otra cosa podía esperar de alguien como yo, que se enamora y desenamora como el viento que sopla por todos lados. Y esto no es precisamente un rechazo a la monogamia.

Estoy resignada a no conformar una relación de pareja estable, no por miedo ni esas cosas, simplemente porque a veces no me da, y es difícil que alguien entienda eso de una buena vez. Por eso, cuando encuentro a un otro que asume que estoy en libertad, me siento en paz.

Lamento que esto sea un tema para mi. Debería dedicarme a vivir no más y no mirar para atrás; pero me desagrada notar que más de alguno pudo haber quedado mal. Eso de la culpa me mata, cierto, pero por qué lo voy a ocultar.

Si mi sueño ha sido romper todo tipo de cadenas y echar a andar, quiero tener la confianza de que lo que estoy haciendo no le hace daño a nadie. Así de simple. ¿Es tan difícil? Así lo creo.

Busco respuestas a esta condición, y he llegado a la conclusión de que sólo busco paz en medio de la marejada, y las relaciones de pareja, después de llevarme a la cima, me dejan absolutamente en letargo crónico, combinado con angustia y algo de infame depresión-manía o manía-depresión, como quiera que se aparezca. Esto me lleva a re preguntarme, y ¿por qué? Claramente creo que huyo del burdo sometimiento venga de donde venga. Eso, sólo soy coherente con lo que creo en todas las dimensiones. Si me opongo a las tiranías socio-políticas, ¿cómo no me voy a oponer a la tiranía del cuerpo?

Un abrazo terapéutico a quien me lee.

Clau

El amor de pareja me sabe a mermelada de naranja con champiñones

Cómo puedo describir el olor, sabor, textura, diseño del amor de pareja? Ni idea. Tendría que colocar todos los calificativos del mundo y agruparlos por color, y desde ahí seleccionar aquellos que se parezcan al verde y al azul, mis colores preferidos. Ese nivel de competencia tengo en esa materia, en caso de que el amor erótico-romántico sea una materia, porque si lo tomo como algo multidimensional hasta ahí llego con mis erráticas fórmulas de cómo hacerlo tangible, si así lo quisiera.

Hoy no celebro, sólo recorreré con mis sentidos el humor que emerge de los que creen que hoy es el día en que sí o sí se tienen que hacer las paces. Le parecerá interesante a esta rosa que está mirando a la abeja? Que sentirá la pequeña perrita que está junto a mi y mi teclado humeante? No sé. Sólo tengo ganas de divagar un rato y ponerme las pestañas postizas para no dormir esta noche que se viene larga.

Me gusta ver a las manos tomadas una de la otra, y si esas manos son de dos o más personas que belleza! Y por qué no mirar el amor comunitario como una posibilidad? Aunque tengo identidad y orientación hetero, como amo esos rubores entre hombres y mujeres que se posan el uno al otro como si en eso se les fuera la vida! Me conmueve, verdaderamente. Cierto, también amo el amor de los marineros de Neruda, pero yo agregaría el amor de las marineras, y por qué no, de los hombres y mujeres calle que tanto amor dan al mundo aunque sea por unas pocas horas.

Mi hija me pregunta por qué este día se le apoda como el de el amor y la amistad.  Le hablo de creencias religiosas, de propaganda en las vitrinas y me mira como diciendo y para eso fue diseñado este día? “No”, le digo, “tú te lo tomas como quieras”, y viene ella y me pregunta “y tú cómo te tomas este día”, y ahí vengo yo y le digo que es un día viernes.

Como sea, si para alguien este día es de un color particular, si tiene una textura tersa o irritante, pues bien. O si es simplemente un día para justificar ventas y compras, bueno, qué decir. Yo al menos, recurro a estas líneas por el nombre de mi hija, mi mayor motor, fruto, y día.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

Galletas de avena para la calma (o huyendo del abandono)

Me zampé un puñado de galletas de avena tan pronto como pude después de despertar. Y es que esas galletas tienen, para mi, una pócima mágica para entrar a un estado de quietud, aunque no sea más que ansiedad disfrazada, pero qué va, al menos para mi está bien por ahora.

Dormí acunada por las almohadas, como si fuese un bebé. Eso lo decidí anoche después de notar que no había brebaje para calmar mi ansiedad. Dio resultado. Descansé como un lirón y, aunque desperté a las 4 am, con deseos de fumar un cigarrillo, me resistí a la tentación. Ahora estoy adolorida por un resfriado que emergió como consecuencia de haber estado expuesta a personas con el virus. Mal, pero bien.

Ahora, creyéndome el cuento, estoy a pies pelado tratando de no pensar en lo que no puedo ocultar en este momento. Me duele el corazón de tanto evitar amar. Esa es la verdad. No quiero amar, no quiero estar enamorada ni aferrada a nadie. Me hace mal, mal, mal.

Después de mil relaciones, me doy cuenta de que la mayoría de las veces terminé huyendo para evitar el dolor. No hubo vez en el que no estuviera a punto de reventar, siempre corriendo, siempre tratando de olvidar. Miedo, tal vez. El abandono es quizás uno de los gatilladores de muerte más poderosos de mi vida y no estoy disponible para vivenciarlo una vez más. No.

En una relación de pareja emerge lo peor y lo mejor de mi y dudo que a estas alturas alguno quiera pasar por ese tránsito del amor-a-morir, a un amor-odio. Qué hacer? No sé. Por ahora me dejaré llevar por la ola a ver a dónde me lleva esta vez.

Un abrazo a quien me lee.

Clau