Delo humano a lo divino (2da parte)

Como venía diciendo, para mi la biblia ha tenido una connotación mágica, no porque yo fuera particularmente lectora asidua y que eso deviniese en acciones en una dirección esotérica; sino más bien porque mi alma (porque tengo alma) sentía que sus palabras hacían algo en mi vida que no puedo explicar. Una expresión de aquello es que desde que tengo uso de razón, busqué incansablemente un lugar, una congregación que me diera paz y contención en mis días difíciles, sobre todo esos en que venían las lágrimas de cocodrilo o las de un bebé.

Tenía 8 años cuando ingresé a una iglesia presbiteriana para escuchar de qué trataba ese libro.  Llegué ahí por curiosidad gracias a la invitación de una compañera de escuela. No recuerdo si hubo o no oposición por parte de mi familia como si la hubo cuando siete años más tarde ingresé a una iglesia pentecostal donde mis depresiones y manías tuvieron una buena acogida. Pude bailar, convulsionar, cantar y gritar sin parecer extraña a ese mundo. Pero bueno, duró unos años hasta que me vino una tremenda crisis mística que se tradujo en el surgimiento de una vocación religiosa. Si, quise ser monja y cuando un día estuve fuera de un convento, me quedé de pie esperando el impulso para entrar y quedarme ahí por el resto de mis días. Pero pasó el autobús y lo tomé.

También estuve a punto de convertirme a la iglesia mormona, sólo que a esas alturas, con mi supuesto vasto conocimiento de lo que decía la biblia me dediqué a criticar lo que decían. Por ejemplo sobre el sacerdocio de Melquicedec y cosas por el estilo. Ni la presencia amable de un elder que me miraba con cara de no sé qué pudo convencerme de seguir ahí. Una amiga siguió y hoy está en EEUU casada con uno de ellos.Creo que intuí que algo así me pasaría y por eso arranqué… para variar.

Confieso que me he sentido a gusto en espacios religiosos… pero también en ambientes mágicos. Hoy trato de conciliar ambas fuerzas porque la verdad me alimento de ambas.

Bendiciones

De lo humano a lo divino o de la bipolaridad religiosa (1ra parte)

Desde que tengo uso de razón he buscado un nicho religioso. Tal vez por eso busqué tanto la tumba… cierto, este es un pésimo chiste.

Como sea, el primer libro que tomé cuando aprendí a leer fue una biblia. Para mi tuvo una connotación mágica, tanto en su forma como en contenido.  Letras e imágenes vistosas, un empaste de miedo y una letras doradas que estaban plantadas en la cubierta…. me daba frío y calor a la vez. Lo curioso para mi, ahora, es que esa biblia se encontraba en una casa en la que antes de que la habitáramos, se realizaban sesiones espiritistas. Asimismo. Un grupo de gente se juntaba en torno a una mesa de madera, luego de haber despejado la sala de cosas tales como espejos, y todo lo que pudiese caerse con la visita de algún invocado. En más de una oportunidad tuve que compartir mi dormitorio con 11 gatos que pululaban por los rincones y que, según la dueña de casa, eran “guardianes”. La experiencia más estrambótica la tuve el día de su velorio. En la misma sala de las reuniones esotéricas, pusieron su ataúd.  A su alrededor, 11 mujeres rezaban el eterno rosario. Era invierno. Llovía a cántaros, y no faltó el que dijo que era por la difunta que se había ido con pena. Si, la abuelita Sara como le llamaba aunque no fuese mi abuelita, se había muerto de pena.  Eso me dijeron en vez de reconocer que fue a causa de una septicemia devenida de una crisis sistémica. Por eso, cuando se cortó la luz y el viento abrió de golpe la puerta hasta llegar a la escena del rezo botando cirios, cruces y flores, los deudos confirmaron sus sospechas.

Si, mis fantasías se alimentaron de esa casa y otras con similares características. Como aquella en la que yo prácticamente estaba sola todo el día. Por distintas razones mis padres no estaban y por entonces no tenía hermanas. La casa vieja, como le llamaban, tenía como habitante perpetua a una anciana que había muerto en su cama agonizando por un cáncer nunca tratado. Creo que era ella quien me hacía compañía cuando la luz se iba por horas. Nada me indicaba que eso se debía al estado de sitio o al toque de queda que rondaba en mi país por esa época. Esas cosas no existían en mi imaginación (salvo cuando había truenos y alguien por ahí me dijo que eran los militares que venían a buscarme).

Entonces, cómo no iba a vincular la biblia a los fenómenos paranormales. Ah?

(continuaré…)