Aunque me sienta perdonada por mi hija pediré perdón una y mil veces

Mi niña, el ser más importante para mi en la vida, está conmigo, presente, feliz, sintiéndose amada por todos y todas. Eso me da cierta tranquilidad pero, como siempre, la culpa no me la saca ni el psicoanálisis que abandoné de pura pena que me generaban las sesiones.

Las terapias, si las realizo forzada por las circunstancias no tienen mucho efecto en mi. Por eso eliminé todas las sesiones ya que lo que buscaba lo he logrado aquí, en mi casa, entre los míos, entre mis sueños y mis dolores, incluso entre mis manías o al menos al final de la ola que se dibuja como una alta marea que me absorbe si no alcanzo a medir las consecuencias.

Mi hija me da a diario el mejor ejemplo de resiliencia. Y es que se levanta a diario con la tranquilidad de quien tiene todo a su favor no obstante todos los problemas y abandonos de los que ha sido presa. Tiene la sabiduría de una mujer de mil años. Tiene la madurez amplificada. Y me siento tranquila de que en parte yo sea la que le ha dado el mal ejemplo como para que sienta las cosas que no se deben hacer, sobre todo aquellas que hacen daño.

Una amiga de ahora, de las que me leen casi sin pausa, me habló de los dragones que suelen acompañarnos a lo largo de nuestras vidas. Y es que nuestras culpas nos acompañan como verdaderos monstruos que nos devoran y en la búsqueda por salir alguien más puede salir dañado.

Me ha costado mucho permanecer en pie después de la conversación que sostuve con mi hija ayer . Pero hoy me tuve que levantar y llevarla al colegio como a diario. Ella se levantó temprano y prescindiendo de cualquier ayuda, preparó su desayuno y su colación del día. Igual siento que la pena de ayer está en reposo. Afortunadamente no estoy en fase depresiva sino otro cuento contaría en estas líneas.

Ahora retomaré mis actividades del día. Esas que programo hasta medio camino porque pucha que me cuesta avanzar.

Abrazo.

Claudia