Me apropio siempre de la frase: cada día tiene su afán

Puede que sea debido a  mi obsesiva y compulsiva forma de ser, pero no hay día en que no monitoreo mis emociones. Y es que cuando no lo hago, se me van los días tratando de resolver enredos que ni en mi peor momento puedo hacer.

Hoy no es la excepción; estoy en eso, tratando de identificar qué es lo que pasa por estos lares. Cuando no me da, simplemente me repito “un día a la vez”. Sí, he llegado a la convicción de que este pacto para vivir, que hice en 2011, se renueva día a día por puro amor a la vida, y todo lo que me rodea, porque he aprendido a tomar las cosas como si fueran del color que necesito.

Cierto que viene la subida de la marea de vez en cuando, puede que me habite la circularidad del enredo o las inmensas ganas de correr sin dirección alguna. Sin embargo, siempre, al menos desde 2011, me he detenido antes del acantilado.

Este día siento paz. Tengo todo lo que necesito. Vivo un día a la vez. Todo me hace sentido. Puedo escribir sin que me tiriten las manos o sin que caigan lágrimas sobre el teclado del compu. ¿Cómo es posible? Tengo la fortuna de decidir, contra viento y marea, si doy un paso adelante o atrás. El resto (bitácora laboral, sueño completo al menos 3 días a la semana, estar amando, etc.), viene por añadidura.

Y mientras tanto…

Cuento 3 semanas levantándome a las 4:30 am; digo que lo hago como una lechuga. Y es cierto. Las energías renovadas, aún sin tener vacaciones, se están manifestando, tal vez por las emociones que me habitan por estos días. Sí, creo que es de las mejores experiencias que he podido tener.

Atrás quedaron los días de angustia e incertidumbre. Hoy vivo en el día a día, sin esperar nada, como si lo que acontece es precisamente lo que he pensado vivenciar. Un día a la vez.

Calma, eso es lo que me habita y me gusta escribirlo con mis manos, tan llenas de olvido. Por qué no? Si alumbrara en este momento la madrugada, algo más que la luna menguante, ni siquiera chistaría. Y es que estas horas se han tornado en mis mejores compañeras, de esas que ni te vigilan ni te reprochan por estar junto a un café y un cigarrillo, mientras contemplo serena como amanece este día.

Frente al compu no hay preguntas inconducentes, sólo las más claras sensaciones de  armonía. Razones? Quién sabe bien.

Si examinara un poco lo que me rodea, debo reconocer que una vez más he vuelto a creer que puedo compartir con otro lo que me pasa. Ser más que una masa amorfa que simplemente se adapta, simplemente porque así lo quiero. Que individualismo, no? Aparentemente, pero no se trata sólo de eso. Es algo más. Es la conciencia de sentirme parte del todo, de otros, de los que están en la misma ruta o que caminan en paralelo. Qué más da?

Conformismo? No, sólo examino el pasado, como lo hago de vez en cuando y, como ya lo he dicho, no despertar en un hospital siempre será para mi motivo de felicidad, de esa que perdura incluso cuando se derrumba uno que otro ladrillo de mi propia vivienda emocional.

Y si quisiera cambiar? No, no quiero cambiar más allá que las condiciones adversas que simulan ser la única esperanza. Debo reconocer que, si bien no me contenta el estado de las cosas en general, no hay nada como haber recuperado el sentido, nada como una ducha fría de madrugada, limpiando todo.

Escribo estas líneas para registrar lo que vivo cuando estoy en armonía, como si fuera el último día de mis días.

Lo sublime de empezar un nuevo día

Despertar justo en día de luna llena es como alimentarme de nueces, almendras, chocolate y agua, justo cuando se viene el vendaval. Simple placer culpable.

De agua, casi de pura agua somos y nuestras mareas nos sumergen en medio de desvaríos y melancolías varias. Así voy por estas horas.

Pero que más da, si hasta la luna se vuelve cómplice de mis insensateces, de mis días de lluvia y ataques por asalto de la risa. Qué belleza más inamovible puede habitarme hoy, si ser consciente de estos sobresaltos me ha traído la mayor de las bendiciones?

Vivo, hoy vivo simplemente vivo junto a otros y otras que danzan en la misma sinfonía. Es simplemente espectacular.

Mientras pasa el aluvión, esperaré junto a una taza de café y un par de cigarrillos.

Día de días

Qué decir? No he parado de monitorear mis emociones, como tampoco de sortear los avatares de los días. Y es que tejiendo mi propia historia, al alero de una comunidad sonriente, he sido amiga de la esperanza y de la vida, que a veces se esfuma de mis venas.

He sabido de la partida de hermanos terrenales, en la búsqueda de la pérdida del contacto con el dolor y la angustia. He visto titulares casi festinando con la decisión de partir, dejando o no una carta de despedida. También he leído horrores de comentarios hablando de cobardía y despilfarro de tiempo. Todo eso me conmina a dejar aquí, una vez más, mis deseos de vida a quien busca una salida definitiva a un momento puntual o una seguidilla de estados de dolor, angustia, autodestrucción e inmisericordia con nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro estar aquí y ahora.

El suicidio, lo he dicho antes, es una solución definitiva a un(os) problema(as) temporal(es). Cuando digo temporal, no me refiero a una efímera razón, sino a su dimensión más global, el estar siendo de una manera, por la razón que sea, los motivos que sean y los sentidos que acompañen.

Como muchos y muchas, mis manos también empuñaron armas letales; mis 5 ingresos en recintos siquiátricos hablan de eso. Y aunque puede parecer contradictorio y oportunista, debo confesar que he aprendido, aprendo y estoy aprendiendo a amar vida, el pan, la libertad de escoger y la voluntad de romper con cercos que me impiden reestablecer el curse de las cosas, como quiero que sean.

Sé lo que implica estar y no estar, vivir en un estado de vacío de contenido y angustia que se empeña en vaciar mis ojos y cegar mi mente. Pero me insisto, a diario, la vida, la vida, la vida y el amor son y pueden ser siempre.

El pacto para vivir que hice el 2011 trajo sus frutos. Sí, ese año fue mi último ingreso al siquiátrico; me llevaron en andas con el cuello aún amoratado. Sé que más de alguien que me lee podrá discrepar y decir que fui cobarde. Tantas veces me lo han dicho. Pero no, no fue cobardía. Tener una biografía llena de cambios que estropean a cualquier vivir, es algo que no se lo deseo a nadie. Como sea, ese pacto, así como el madero al que me ato cuando viene el vendaval, me levantan día a día, como si fuera el primero y el último.

Así vivo ahora, deteniéndome cada vez que sea necesario en las cosas bellas, por muy pequeñas que puedan parecer.

Abrir los ojos en la mañana, estando en mi propia cama, desayunar junto a mi hija, oler el café humeante (siempre acompañado de un cigarrillo), caminar descalza por la casa, ordenar el lugar que habito, hablar con la familia, amistades, besar, en fin, tantas acciones que vistas de manera conjunta, configuran un poderoso antídoto contra las ideaciones y el vacío de sentido.

Hoy, tras saber de aquellas muertes que son autoinfringidas, vuelvo a dar las infinitas gracias, a todas y todos lo que han tenido la infinita paciencia de abrazarme. Hoy, un día más de vida, de la buena, es reiniciar como si fuera el primer día de haber salido del refugio, de la cueva. Todo es novedad, todo es vida nueva, todo tiene sentido.

Abrazo a quien me lee.

Para ser libre en la alborada, nada como caminar y besar

Con mano dura desplomé piedra por piedra la pared que levanté hace algún tiempo. Magia que me acompaña, incluso cuando pareciera que los días se hacen largos de tanto andar.

Hoy, particularmente hoy estoy en la serenidad más clara que no había percibido en años. Ni los temblores del cuerpo, -evidencia del sistema extrapiramidal y su falla-, ni los dolores que suben y bajan, pero que no impiden el movimiento, pueden terminar con esta indescriptible sensación de libertad.

Sólo sé que estoy viva, de vida de la buena.

Que cómo llegué hasta aquí? Cómo los días valproico, olanzapina, haldol, quetiapina, risperidona, litio, de electroschock y sus secuaces, pasaron a mejor vida?  Fue y está siendo a puro sentido, a puro mirar a través de la ventana con las manos afirmadas, el paso firme y la paciencia de esperar día a día, simplemente que llegara el alba.

Re descubriendo los espacios

Sólo fueron 2 años, pero me parece haber estado una eternidad a resguardo de una caverna. Ahora, cómo decirlo, estoy en plena fase de desarrollo, crecimiento y disfrute de todo lo que estoy rodeando y me rodea.

Camino, tengo encuentros, nuevos y antiguos, sorteo las vallas y dinamizo los cansancios a través de la vida misma.

Quizás una de las cosas que más agradezco, es haber vuelto a la cordura de la conexión con la realidad misma, con la comunidad fraterna toda. Sonó algo críptico, pero no sé cómo llamarle a volver a seguir el sentido de lo humano en mi.

Por todo eso, gracias, gracias, gracias.

Para cantar una canción urbana se requieren los pies

Caminar, simplemente caminar, re-descubriendo la velocidad del tumulto sobre el cemento de las calles y los adoquines de los cerros, los árboles enredados entre parejas escondidas y el río que cruza esta ciudad de verdad, de mentiras, de ciegos y videntes.

Urbana, sí, lo confieso, lo soy. Por eso salgo con el amigo o amiga de siempre, a compartir una urbana conversación, a veces teñida de soles y otras simplemente de estaciones de invierno.

En eso estoy, caminando, mirando, sin dejar de ver, cada rincón que emerge frente a mi, como si la vida se me fuese en ello.