Aferrada al último recurso

Por estos días la vida se me ha hecho cuesta arriba; como suele sucederle a todo el mundo. Hoy día, 20 de abril de 2018, siento que he renovado mi pacto para vivir; la voluntad y el sentido están de vuelta.

Haber sido candidata a un nuevo ingreso constituyó un poderoso catalizador de emociones de múltiples colores. Estar separada de mi hija no tiene palabras que den cuenta del dolor y vacío que emerge.

Ahora, con el corazón entre las manos, lo deposito en sus manos junto al sentido que tiene estar aquí, viva, cansada, pero viva.

Gracias, gracias y mil de miles gracias.

De las pérdidas

Caminar, cantando, una urbe desolada, justo al final del invierno, vivirá por siempre en mi recuerdo.

Guitarrear la canción valiente de la Violeta o algún disco ácrata de aquellos, no morirá tan fácilmente dentro de lo que conozco como memoria.

Descubrir las flores justo sobre mi almohada, una taza de café sembrada sobre mi brazo, de la mano de una silueta incondicional, seguirá siendo uno de los dibujos que se mantendrá en mi pared.

Bucear entre las nubes de la gran isla del Caribe, sembrar la semilla más poderosa de mi historia, estará entre las más inefables de las bendiciones.

Haber conocido la luna llena titilando sobre el Atlántico y tener en mi memoria el lecho de un río, dunas y rocas entre mis piernas, siempre será el mayor de los últimos regalos.

Y así, remembranzas más, remembranzas menos, les presento las pérdidas emocionales más significativas de mi vida.

2018

Es este el primer día del año, después de los primeros 12 días del mes, y estoy, no qué digo, re estoy hinchada de sentido, de versos, canciones, vida, sí, vida.

Hoy sólo quiero besar mi alma y recoger los trocitos en que quedé el año pasado, para dejarlos en remojo y dejar que se fusionen frente a este claro de luna.

Primavera

Las manitas de mi hija de casi 18, visitas a amigos y amigas, las caminatas interminables, el beso amante y tanto regalo, sólo pueden traer armonía.

No, no es la luna que con su falsa brisa deambula entre mis sueños y pesadillas. Tampoco es la locura circular a la que me abrazo buscando explicaciones. No creo que sea la libertad de abrazar el árbol que más quiero. Es simplemente esta temporada llena de luz la que me sitúa en medio de una de las fortalezas más claras de mi vida.

Día de días

Qué decir? No he parado de monitorear mis emociones, como tampoco de sortear los avatares de los días. Y es que tejiendo mi propia historia, al alero de una comunidad sonriente, he sido amiga de la esperanza y de la vida, que a veces se esfuma de mis venas.

He sabido de la partida de hermanos terrenales, en la búsqueda de la pérdida del contacto con el dolor y la angustia. He visto titulares casi festinando con la decisión de partir, dejando o no una carta de despedida. También he leído horrores de comentarios hablando de cobardía y despilfarro de tiempo. Todo eso me conmina a dejar aquí, una vez más, mis deseos de vida a quien busca una salida definitiva a un momento puntual o una seguidilla de estados de dolor, angustia, autodestrucción e inmisericordia con nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro estar aquí y ahora.

El suicidio, lo he dicho antes, es una solución definitiva a un(os) problema(as) temporal(es). Cuando digo temporal, no me refiero a una efímera razón, sino a su dimensión más global, el estar siendo de una manera, por la razón que sea, los motivos que sean y los sentidos que acompañen.

Como muchos y muchas, mis manos también empuñaron armas letales; mis 5 ingresos en recintos siquiátricos hablan de eso. Y aunque puede parecer contradictorio y oportunista, debo confesar que he aprendido, aprendo y estoy aprendiendo a amar vida, el pan, la libertad de escoger y la voluntad de romper con cercos que me impiden reestablecer el curse de las cosas, como quiero que sean.

Sé lo que implica estar y no estar, vivir en un estado de vacío de contenido y angustia que se empeña en vaciar mis ojos y cegar mi mente. Pero me insisto, a diario, la vida, la vida, la vida y el amor son y pueden ser siempre.

El pacto para vivir que hice el 2011 trajo sus frutos. Sí, ese año fue mi último ingreso al siquiátrico; me llevaron en andas con el cuello aún amoratado. Sé que más de alguien que me lee podrá discrepar y decir que fui cobarde. Tantas veces me lo han dicho. Pero no, no fue cobardía. Tener una biografía llena de cambios que estropean a cualquier vivir, es algo que no se lo deseo a nadie. Como sea, ese pacto, así como el madero al que me ato cuando viene el vendaval, me levantan día a día, como si fuera el primero y el último.

Así vivo ahora, deteniéndome cada vez que sea necesario en las cosas bellas, por muy pequeñas que puedan parecer.

Abrir los ojos en la mañana, estando en mi propia cama, desayunar junto a mi hija, oler el café humeante (siempre acompañado de un cigarrillo), caminar descalza por la casa, ordenar el lugar que habito, hablar con la familia, amistades, besar, en fin, tantas acciones que vistas de manera conjunta, configuran un poderoso antídoto contra las ideaciones y el vacío de sentido.

Hoy, tras saber de aquellas muertes que son autoinfringidas, vuelvo a dar las infinitas gracias, a todas y todos lo que han tenido la infinita paciencia de abrazarme. Hoy, un día más de vida, de la buena, es reiniciar como si fuera el primer día de haber salido del refugio, de la cueva. Todo es novedad, todo es vida nueva, todo tiene sentido.

Abrazo a quien me lee.

Eso del cliché del ave fénix es la pura verdad

En este febrero insomne, en este domingo de paz, puedo sin lugar a dudas sentir que he salido, como nunca, de una de las crisis más radicales de mi vida.

Terminar una relación siempre ha sido, para mi, factor de riesgo para la más dura de las hipomanías y depresiones. Subo y bajo, en un mismo día, sin cesar. El sueño insiste en no venir y las noches se vuelven días eternos. Pero hoy, hoy no es así. Hoy dibujo canciones en mi mente, hoy re descubro mis ansias por seguir viviendo, hoy simplemente siento paz.

Y aquí estoy, con mis manos escuchando el día de verano, a unos pocos días de subir a un avión a reencontrarme con el Caribe y la Sierra, que me traen los mejores de los recuerdos.

Yo no voy a desdecirme nunca de esto: cuando muera, quiero que parte de mis cenizas sean lanzadas en esa tierra, tierra de mi hija, lugar en el que su vida cobró sentido. Simplemente por eso, nada más. Lo acabo de decidir.

Para mi libertad basta mi palabra

Nací, lo sé, para ser en este mundo una más de la cadena de la vida, a mi manera, desde mi particularidad, pero ser.

Siento hoy firmemente que lo in-curable tiene más de una salida, desde dentro.

Creo que soy un milagro andante. Salí de la catatonia, de la euforia, del alcoholismo, del autoboicot… Estoy aquí hoy día, fuera de las rejas, dibujando mi historia, con bajas y altas, pero dibujando al fin y al cabo.

Cierto que tengo harto de melancólica y que prácticamente ya no hay estados de exacerbación, pero y qué? Logro identificar el estado de mis emociones y lo dejo plasmado en las líneas de este blog.

No me culpo por no haber sabido cómo hacerlo en circunstancias que me llevaron a los ingresos al siquiátrico; tampoco por no haber tomado en consideración que mis actos de autoboicot causaban daño a quienes tanto amo.

Hoy me siento en paz conmigo misma, siento que respirar mirando mi propio ventanal, sentir el agua tibia de la ducha, masticar una roja manzana o manchar mi ropa con la uva ya es un milagro.

Atrás quedaron los días en que el olor a zanahoria me transportaba a mi ingreso n° 1, ese al que llegué por cargar un arma en mi contra. Atrás quedó el miedo a salir a la calle, a encontrarme con gente o caminar junto a las vías del metro.

Aquí estoy, partiendo de cero las veces que sea necesario, como mujer, mamá, pareja, hija, hermana, tía, sobrina, socióloga, y todo lo que contribuye a definirme, a definir…

Ya tengo un nuevo pacto para vivir, que renovaré diariamente. Ya no me cansa, por el contrario, me anima a levantarme y tomar una ducha fría, beber un café (y fumar un cigarrillo).

Qué decir, bienvenido 2017, con lo que vengas, con lo que construyamos, con lo que se cree.

Bendiciones a quien me lee.