Chocolate para la lluvia

El jueves me vi en medo de un vendaval de aquellos; pensé que mis manos y pies no podrían sujetarse al madero, pero aquí estoy, una vez más con el color en mis mejillas.

Ya no amanezco a las 5:30 am, ni me siento frente al compu a llorar las cuitas. Simplemente amanezco cuando sucede, me duermo cuando acontece y estoy frente al compu cuando mis dedos están listos para danzar a la luz de una melodía llena de sonidos de todos los colores.

Sí, doblemente sí. Mis estrategias de sobrevivencia han cobrado especial sentido, con o sin vendaval, con o sin compañía y con o si respiración obligada. Y es que esa es precisamente mi fórmula: el respiro a paso lento.

Cómo poder transmitir esta paz que me habita? Cierto que las lágrimas estimulan cualquier angustia, pero en mi apaciguan la marea furiosa, una vez que me enjuago los ojos.

Hoy es un nuevo día y, como siempre digo, es un día a la vez.

Bendiciones a quien me lee.

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