Si el día me da madrugadas, a crecer se ha dicho

Hoy, como siempre, estaba frizando las 5 am cuando un impulso me sacó de la cama antes de que el sonido despertador inundara mis oídos. Reconozco que fue un impulso misericordioso, porque no se asemejó a ningún otro.

La calma ha vuelto a mi vida, una vez más y quiero prolongar este escenario hasta que las velas no ardan y, si se apagan, se enciendan una vez más.

¿Qué pasó? Pasa que los días se han vestido de claridad en mis mejillas y el dolor va y viene, pero no se queda. Siento el amarre de las presiones de vez en cuando, pero no hay nada que me haga sulfurar o sentir alguna de esas emociones que hacen derrumbar a cualquiera. En definitiva, que el aprendizaje me habita a diario y soy consciente de aquello.

No es que no haya hecho acto de presencia algún malestar. No es que no me haya asaltado la bendita incertidumbre que generan los cambios, sobre todo si son sin aviso. Solo que a estas alturas mis manos saben cuándo aferrarse y cuándo no.

Sigo laborando en la madrugada; no hay caso, disfruto hacerlo y tengo la bendición de estar junto a personas cuyas diferencias respecto a mi solo contribuyen a consolidar lazos de esos que no se pierden ni con un reto ni con un empujón. Por el contrario, agradezco estar en el momento y lugar propicio para levantarme, una vez más.

Sigo…

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