Si me caigo mal parada retengo un trozo de pan

Estas últimas semanas han estado a toda máquina. Simplemente no he parado de tener actividades día y noche, sin poner descanso alguno.

Tengo que recurrir al alprazolam en dosis altas para permanecer dormida por más de 5 horas; duermo a saltos.

Son las 5 am y me figuro frente al compu haciendo lo que sea por parar la rapidez de mis pensamientos y, la verdad, me he sentido a todo dar.

No sé, la doc me quitó la milésima dosis que tenía de paroxetina, subió y bajó el aripiprazol, aumentó a 400 mg mi lamotrigina y dejó dosis periódicas de alprazolam. Sí, mis sobresaltos saltan de un lado para otro y no hay quien me detenga por estos días.

He frenado los impulsos; sí, lo he hecho de alguna manera. Evito salir, beber, ver amistades. Camino sola por las calles tratando de recordar la ruta de regreso; no siempre sé de dónde vengo y a dónde voy.

La terapeuta, cual bitácora, me conmina a recorrer la ruta que me lleva hasta la consulta. Siempre lamento decirle que llego una hora antes porque no sé si voy a llegar a tiempo.

He recorrido los días pensando en lo bien y mal que la he pasado. He subido y bajado de peso dentro de un mismo mes; en dos meses bajé 10 kilos.

Ahora mismo, trato de parar un poco la máquina, no quiero seguir trabajando, aunque mi nivel de productividad está altísimo. Eso sí, trato por todos los medios (meditación incluida) de no llenarme la cabeza con ideas de aquellas. Reposo, pero no puedo permanecer en la cama por más de 30 segundos. Simplemente estoy a todo dar, y casi salí disparada por la ventana.

Hoy hablaba con una amiga que recibió el tratamiento electroconvulsivo hace unos días; varias sesiones. Nos reímos un rato de nuestra desmemoria y aproveché de decirle que se puede salir de esa, sin cuestionar su opción por el TEC. No lo recomiendo. Aparentemente me sacó en su momento del intento; quitarme un arma de las manos no fue fácil, a pesar del litio, olanzapina, valproico, risperidona, quetiapina y tanta mierda que me tenían encima. Así y todo busqué la puerta lateral.

Hoy no estoy muy lejos, pero tampoco estoy cerca de aquello. Es raro, la verdad las últimas semanas no tengo las ideaciones típicas. Más bien es la visión de que ya no estoy, así de simple-complejo.

Anoche soñé que mi mano izquierda estaba poblada de costras de color marrón, redondas, duras y grandes. Con mi mano derecha comencé a sacar una a una las costras, hasta dejarla casi limpia. Durante el día recordé el sueño y quise visualizar el término de esa limpieza. Traté de ver mi mano limpia de aquellas costras. Y sí, la verdad eso me hizo sentir mejor, aliviada y casi sin apuro por terminar de limpiarme de una buena vez.

En este minuto intento parar las ansias; no quiero recurrir al ansiolítico una vez más. Prefiero respirar y esperar a que esa preciosa luna siga detenida sobre mi cabeza, mientras extiendo mi mano hacia un trozo de pan.

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