Cocino que cocino, que el mundo sigue dando vueltas

El replicar de la cebolla morada en la manteca, el olor del tofu impregnado de estragón y cúrcuma, los pimientos danzantes junto al ajo pecaminoso en su olor, me están despertando… lo colores me alimentan hoy, año nuevo para muchos.

Desperté a sobresaltos, escondida entre las sábanas, mirando de reojo la pared y su límite con la calle. Nada, no tenía razones para descender de la cama, hasta que vi el reloj y su angustia por despertarme y ser lanzado hacia el otro extremo del dormitorio.

Y aquí estoy, esperando que las verduras terminen de dar vueltas de calor y al arroz de evaporar el excedente de agua en su piel.

Todo, pero todo me hizo sentido tras escuchar la voz de mi hija y sus manitas rodeando mi cuello. ¿Qué más puedo pedir? Sí, tal vez llevar a cabo la prórroga de fin de la estadía. ¿Hasta cuándo? Ni idea, sólo pondré los ojos en los quemadores y los olores que deambulan en mi ropa de cama.

Un día a la vez, me digo, un día a la vez.

 

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