Mientras el pelo crece…

Las ideas están deambulando por doquier; no hay día en que no estén cubiertas de incertidumbre. Mientras, la cabeza se deslumbra ante tamaña seudo-sabiduría, irrumpe en mí el deseo de salir disparada por la ventana. Bueno o no, lo cierto es que estos días se asemejan a un parque de diversiones, pero de madrugada.

El ajuste de los medicamentos, creo, está surtiendo efecto. Estoy más aletargada, las manos menos temblorosas, el sueño más pesado, el despertar lento y las noches más cortas. Sí, ya casi estoy hecha una zombi.

Quisiera no haber llegado a este punto; no sé hasta dónde puedo aguantar tanto té energetizante para levantar un poco las energías que son opacadas. Como sea, es lo que hay, al menos por ahora.

En este minuto me figuro naturalmente frente al compu, con la espalda cansada y el tobillo izquierdo adolorido. Casi caigo por la escalera y mi andar se ha vuelto un tanto dificultoso. Creo que ya necesito algo de vacaciones.

Me faltan horas del día para hacer lo que tengo que hacer. No es suficiente tener 8 horas de sueño. No sé como puedo avanzar en mis labores. Lo hago, cierto, pero no he limpiado mi dormitorio en semanas. Se nota la pesadez del cuerpo, apenas logro agacharme.

Estoy cansada, quiero meterme a la cama y esperar a que llegue el viernes; como si no tuviera que trabajar el fin de semana.

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