Corté mi pelo para detener a la ansiedad

Por tercera vez en este año, tomé la decisión de cortar mi pelo aún más corto. Sí, casi me pelé; no aguanté tanta cosa en mi cabeza. Suelo cortar el pelo para detener la furia y sus elementos asociados.

No sé si la ansiedad se detuvo o amainó, lo cierto es que mi cabeza con menos pelo está más despejada, puedo pensar menos en las cosas que me estaban atormentando. Qué cosas? La rapidez con que pasan los días, el suicidio de un pequeño, la infatigable manía de no saber a dónde caminar para repeler la ansiedad… Nada fuera de lo común, solo que en este minuto las cosas van y vienen de un color que no me apetece.

Cómo llegué a estas líneas? Creo que fue el comentario en un foro de una mujer cuya hija fue víctima de abuso sexual. Alguien más habló del impacto de aquello en los gestos e intentos suicidas. Sí, ahí se inauguró toda esta ansiedad.

Quise leer más; es algo a lo que no le he dado mucha vuelta, incluso en este espacio.

Creo que alcancé a escribir que fui violada a los 9 años, por quien en ese momento era mi padrastro (creo que ya he mencionado que mis padres volvieron a casarse años después de ese evento)

Las terapias, incluyendo el psicoanálisis, no alcanzaron a bucear en aquello. De hecho, hubo un maldito psiquiatra que me dijo que habría sentido placer en aquello. Culpa, vino la culpa después de ese momento, y la amenaza a su decisión ante mi reclusión en un siquiátrico, la primera que recuerde.

Aquí está, creo, un punto de emergencia de mi permanente ansiedad y tal vez de muchas cosas que me hacen hasta poner en duda el diagnóstico.

He tendido al autoboicot, autoaniquilamiento, autodesaparición voluntaria desde que tengo 9 años. Fue ese mismo año en que tomé una soga y la puse alrededor de mi cuello, colgada del árbol más alto del patio de la casa. Me encontraba sola en ella, no recuerdo por qué. Desde entonces, las ideaciones, gestos e intentos de suicidio han sido de una frecuencia anual. Hasta ahora, frenados, interrumpidos, boicoteados.

Hoy no es la excepción, pero esta vez quiero hacer una diferencia. Quiero reconocer que fui víctima de abuso sexual, de violación, de maltrato físico y sicológico, y de abandono. Todo eso en mi biografía no es suficiente para poner en duda todos los tratamientos a los cuales he estado expuesta?

Racionalmente entiendo el qué debo hacer frente a este caso. He tenido miedo a lo largo de todos estos años. Miedo a que quien fuera mi padrastro me encuentre nuevamente. Miedo a que mi padre me mire con otros ojos, y miedo al maltrato por parte de un hombre, del que esté enamorada. Por eso, no me enamoro; es así. Nunca he estado enamorada, no en el sentido idílico, romántico o no sé qué, sino en el sentido de que tenga sentido, simplemente eso.

Cuántas niñas y niños han sido víctimas sin que les crean? Fue mi caso; me encararon con el violador, quien negó absolutamente todo. Sola, me sentí inmensamente sola y abandonada.

Ese hombre, que no merece ni ser llamado animal, es simplemente una bestia que provocó el daño más inefable de mi vida. Creo y siento que es la causa raíz de los altibajos en mi biografía. Tal vez, tal vez no vivo con una bipolaridad (ya he hablado de lo que creo de las construcciones socioculturales de las enfermedades, suficiente para no creerles). Es plausible pensar que mis acciones de autoboicot se deban a la ausencia de conexión con la realidad, derivada de mi lucha por no vivenciar nuevamente una situación de abuso.

Creo que el corte de pelo solo es la expresión del intento por eliminar estos recuerdos, tal vez castigarme por la culpa que eventualmente pueda llegar a sentir y, por qué no, la evidencia de que aún tengo los medios para superar las consecuencias. Creo que la fibromialgia es la expresión del dolor que siempre ha estado latente.

Creo que es tiempo de ampliar la bitácora a todos quienes han vivido alguna vez situaciones de abuso, para mirarnos, no reavivar la experiencia, sino echar fuera la rabia, impotencia, culpa, sobre todo la culpa.

No puedo terminar estas líneas sin decir que me he privado de ser feliz, pero que estoy segura de que la felicidad está en algún lugar dentro y fuera de mi, limpia de culpa, abandono y maltrato.

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