Almendras para las divagaciones

Sí, tengo unas cuantas almendras en la boca. Masticarlas me deja algo de ansiedad, pero con el gusto de ir por otras más…

Me preguntaba qué tan bueno sería comerme todo el contenido, mientras pienso en qué es lo que me acontece en este minuto.

A lo largo del día, he transitado entre el compu y la cama, la cama y el cigarrillo, el cigarrillo y el compu. Sí, El cigarrillo es como un vaso comunicante entre cama y compu. Eso es lo objetivo.

Lo subjetivo es que me siento algo fragmentada, un poco habitada por el tedio y otro poco sin razón aparente. Nada, nada que me parezca fuera de lugar, a excepción de la ansiedad que inauguran las almendras.

¿Y si paro de comer un momento? No me preocupa el peso; subo y bajo constantemente, como si nada hubiera pasado. Como si el día fuera la fuente del estatus quo.

Cómo no, creo que estoy el borde de la sintonía con la procrastinación, lo que no constituye ningún trastorno, sino solo un medio para enfrentar el estrés, una fuente de aliento en medio de la vorágine, un pasatiempo, literalmente.

Ahora, con un puñado de almendras en las manos, me conmino a caminar y agradecer por estar aquí.

 

 

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