Higos para la ansiedad

En este preciso instante como higos… el alprazolam no fue suficiente. No sé cuánto me tomará esta vez; ya llevo 1 hora con el pecho apretado, las manos sudorosas, la cabeza a punto de estallar y la espalda adolorida. Gritar creo sería una buena salida, pero no quiero alarmar a quienes están a mi alrededor.

Esta es la parte en que busco a mi madero (que alguien del ámbito de la psicología dirá “estructura”), pero creo que quedó medio derruido después del último episodio, algunas semanas atrás.

No sé, mientras escribo la calma se asemeja al horizonte, a la quimera más efímera que pueda existir en la mentes de quienes aún creemos en ella. Aún así, insisto en tejer palabras, algo saldrá de estas reflexiones que pongo en este papel virtual.

Usualmente hago el ejercicio de reconstruir los hechos, examinar lo que está a mi alrededor, así como también las últimas acciones e inacciones; me sirve para ver el bosque de la vida desde una perspectiva que posibilita la observación global. Pero, bue, aquí estoy, simplemente escribiendo lo que me dicta la espalda.

De mañana no hubo mucha variación respecto a los otros días:

  • 6:30 hrs: enciendo televisor y el computador.
  • 6:32 hrs: me levanto de la cama.
  • 6:35 hrs: coloco la tetera al fuego.
  • 6:36 hrs: me figuro con un cigarrillo en la cara, a oscuras en el jardín de atrás.
  • 6:40 hrs: me sirvo un café cargado en el tazón negro de cada día.
  • 6:42 hrs: Fumando un par de cigarrillos más, junto al café.
  • 7:00 hrs: preparo el desayuno de mi hija.
  • 7:20 hrs: tomo desayuno junto a mi hija.
  • 7:45 hrs: abro la puerta de la calle para que mi hija vaya al cole.
  • 8:00 hrs: leo el mensaje de mi hija avisando que llegó bien a la sala de clases, mientras estoy fumando un cigarrillo.
  • 8:15 hrs: tomo una ducha.
  • 8:30 hrs: vuelvo al computador.

De ahí en adelante, todo puede ser un misterio. Puedo trabajar, sí. Puedo escuchar música, también. Puedo recostarme unos minutos, tal vez… La verdad, tanta variación de las acciones e inacciones no hubo el día de hoy. Algo salió de algún lado, no sé.

Mientras, como mi décimo higo y comienzo a sentir la pesadez de los párpados que insisten en decirme que apague el compu.

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