Bitácora de una bitácora

A diario, me reporto ante mi misma; me resulta imprescindible para cursar los días que pasan. Hoy no es la excepción. Y es que monitorear mis emociones resulta ser una de las mejores maneras de estar presente.

Al parecer mis estrategias de sobrevivencia van por buen camino; la psicóloga celebró que aún cuento con métodos que resultan ser poderosos protectores emocionales.

Practico aquí el ejercicio de leer mi mente; este espacio se ha constituido en un lugar en el que despliego mi vitalidad a diestra y siniestra. Trabajo a diario cada 20 a 30 minutos; el cigarrillo, amigo o enemigo de la ansiedad, demanda mi atención cada vez con mayor frecuencia. Ordeno mis cosas, porque la memoria siempre se escapa. Lavo, plancho y eventualmente cocino para mi hija como una manera de mantenerme conectada.

Es cierto que no hay día en que no me veo amortajada, en que llega un vendaval y me sumerge hasta el fondo, pero tengo mi madero siempre alerta -justo cuando más lo necesito- para sortear ese desenfrenado estallido.

Ahora mismo reviso el día; positivo balance. Cierto que me figuraba a las 5 am con un par de cigarrillos y un tazón de café, pero a esta hora solo puedo reconocer que, si bien no estuvo como me habría gustado, llegué hasta aquí. Sí, es otro día de terminar, cansada, medio arruinada, pero aquí.