Y si escribo algunas líneas innominables?

Andamios más, andamios menos, cómo poder reconstruir lo que derrumbé en un segundo? Tendré que morder la marea si quiero recomponer mis huesos. O tal vez agitar los brazos por si se asoma algún salvavidas por ahí.

Vivo un crónico duelo, para qué negarlo. Si hasta las mañanas tienen algo de noche cuando despierto con el dolor que emerge de mis cuencas y baila hasta la nuca.

En este minuto, no sé contra qué voy. Si es de día, me muero porque sea de noche; si ya pasó el crepúsculo, ansío que aparezca el alba.

No, no quiero dejar de mirar a mis monstruos, si los hubiera, porque así me alimento de mi verdadero coraje, si es que asoma por estos lares.

Litio, carbamazepina, valproico, lamotrigina, olanzapina, risperidona, quetiapina, aripiprazol, alprazolam, zolpidem, paroxetina… todos me han habitado en algún momento. Y aquí estoy, con 3 de ellos en la sangre, renovando a diario el pacto para vivir.

No he podido meditar, no me animo a subir a la montaña, no me sumerjo en el agua, nada, apenas algunos pocos metros por caminar.

Hoy no hay lágrimas, ganas de gritar, salir disparada por la ventana, ni asomar la cabeza desde el umbral de la puerta. Algo le pasó al sentido que no pude separar la cabeza de la almohada. Tal vez hoy sea de esos días en que andar en piloto automático sea necesario para partir el día que se avecina.