De nuevo aquí

Si despierto es porque vivo, me dije esta mañana con frío. Y es que cuando miro de reojo el ventanal que está en mi cabecera no puedo dejar de mirar al pasado de los días.

Salir de un cuarto claro lleno de otras pacientes que esperan el vaso con agua, con las manos extendidas para el mismo ritual, es casi lo mismo que salir a la autopista a ver si algún carro de bomberos, que va rumbo a apagar un incendio, me lleve a mi también.

El ejercicio de escribir estas palabras sin ningún propósito que no sea el cambiar las lágrimas o la algarabía por un poco de serenidad, es un paso pequeño para salir de este vendaval, tal vez no el primero ni el último, pero con un alto al fuego, -que más parece tregua-, que me consuela por el tiempo que fuere.

Ahora me figuro quieta, haciendo un esfuerzo por escribir aquí. Deletreando las palabras en la cabeza – literalmente – para teclear y plasmar lo que sea en estas líneas. Ya sé que si no lo hago, me pierdo en la memoria.

¿Qué pasó el otro día? Pasó que mis oídos estallaron, mi cuerpo temblaba de frío y se acunaba en el suelo a la espera de que pasara la ventolera, el vendaval, el río lleno de piedras, basura y todo lo que me empujaba hacia la desembocadura.

Esta vez fue rápida la llegada del vacío. Me dijeron que quedé en medio de la nada, gritando a las tempestades y sus gigantes asociados. Me mordí hasta el cansancio, nada, no había nada, pero ahí estaban mi lucha y mi quietud. Me recuerda el día en que me descubrieron descalza caminando por la autopista sin dirección conocida ni siquiera por mi.

No sé si estoy medio enloqueciendo o qué, no lo creo en el fondo, pero siento que la desconexión con los días se hace cada vez más frecuente. No sé hasta dónde voy a ir a parar; esta separación entre lo real y lo iluso me tiene con las ansias ad portas de entrar por cualquier rendija y a la circularidad de mis emociones a punto de estallar.

Me obligo a escuchar a Piazzola para alivianar la siempre mal venida culpa que emerge cada vez que lanzo un misil justo al medio de los espacios. Me invento que hay paz dentro de estas ideas que no alcanzo a digerir.

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