Qué tal si me doy un nuevo comienzo?

Después de un vendaval viene una relativa sensación de que todo está en paz. Sí, salí de una de esas feas vivencias en las que solo quiero salir disparada a través de la ventana, correr al máximo y chocar contra las vías de un tren. Cierto, me zafé de un estado de ciclaje mixto, fuerte, de aquellos…

Pero hoy tengo la posibilidad de mirar un poco atrás; no mucho para no recordar el dolor, pero sí lo suficiente como para reiniciar la bendita forma de alumbrar las cosas con el azul nublado del cielo y la luna nueva que ya se aproximó este día.

La luna… está nueva! Qué más puedo pedir para inaugurar un nuevo comienzo, de esos que dan gusto compartir. Si hasta la luna llena estuvo llena de canciones y arena, rocas y dunas, pies descalzos y susurros. Qué mejor regalo cuando la vida pareciera que se está apagando, cuando la sombra de mi cuello envuelto en una soga ya forma parte del año en que viví en la más honda de las heridas.

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