De las pérdidas

Caminar, cantando, una urbe desolada, justo al final del invierno, vivirá por siempre en mi recuerdo.

Guitarrear la canción valiente de la Violeta o algún disco ácrata de aquellos, no morirá tan fácilmente dentro de lo que conozco como memoria.

Descubrir las flores justo sobre mi almohada, una taza de café sembrada sobre mi brazo, de la mano de una silueta incondicional, seguirá siendo uno de los dibujos que se mantendrá en mi pared.

Bucear entre las nubes de la gran isla del Caribe, sembrar la semilla más poderosa de mi historia, estará entre las más inefables de las bendiciones.

Haber conocido la luna llena titilando sobre el Atlántico y tener en mi memoria el lecho de un río, dunas y rocas entre mis piernas, siempre será el mayor de los últimos regalos.

Y así, remembranzas más, remembranzas menos, les presento las pérdidas emocionales más significativas de mi vida.

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