Aplanando calles

Lo urbano tiene algo de mágico si se recorre de noche. Vengo de una caminata de esas que diluyen las ansias y la agorafobia en potencia, casi al punto de dejarme al borde de la cordura.

Me reencontré con el asfalto, los adoquines, las veredas, los parques que, cual oasis, emergen en medio de la selva de horribles edificaciones, las que vigilan a los amantes que se funden a plena luz de luna, justo debajo de la nocturna sombra de un arbusto.

Sí, volver a caminar, cantando, derecho hasta un rincón en el que jóvenes danzan al compás de una música que alimenta cualquier oído, me dejó con el botón de rearme de la calma a punto de reiniciarse.

Si es de la mano de una lata de cerveza que carga un amigo, cuanto mejor.

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