Siempre tendremos a la luna llena

Desde un cielo que se dibuja en otra latitud, me desvelo a pura contemplación del plenilunio de este último día de marzo. Mientras, una iglesia vigila impávida las ruedas que chillan contra el asfalto.

En medio de un abrazo solemne y lleno de bienvenida, me despido, por el momento, para re caminar los adoquines que insisten en no salir de mi memoria.

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