Un regalo de otoño

Cuento más de un año que no tengo un respiro, ni uno solo. Los sube y baja me han habitado por montón y, para variar un poco, los huesos se están entumeciendo.

Entre la pena insomne y la energía fulminante, me voy por una semana a Montevideo y sus alrededores. Una mano amiga, de esas que se cultivan con los años a punta de escuchar lágrimas y contener con esos abrazos que no sólo abrigan cuando hace frío, me acompañará en la ruta.

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