Viola chilensis

A la Violeta Parra le estalló la sien un 5 de febrero de 1967. Hoy le dan justo, cínico e hipócrita homenaje, como si cuando rasguñaba la guitarra lo hiciese sin pensar en la vida de los que eran arrastrados al dolor.

Sus manos tejieron arpilleras de vida y colores. Sus pies recorrieron el desierto y el monte, el cemento y los adoquines. Y ahí partía, rumbo a la tierra campesina, a puro aprender de sus acordes y melodías de lo humano y lo divino.

Conoció del agua su virtud y del fuego su inclemencia. Besó con el fulgor más claro y mezquino. Sembró incluso en contra del viento y aplanó las calles, así se le fuese la vida en ello.

Sí, algunos pueden recordar su porfía y testarudez; otros la mano empuñada y la frente erguida como nadie. Pero hoy la recuerdo en su más clara herencia, sus arpilleras, su Amor, su Gavilán y su Gracias a la Vida.

 

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