El amor erótico-romántico y las uvas

A lo largo de los últimos 27 años he tenido más parejas de lo que puedo contar con mis dedos. Cierto y lo digo sin pena ni gloria, simplemente es un indicador de mis insatisfacciones, rupturas con la realidad, pero sobre todo, por mi atadura a la libertad de ser como quiero ser en el momento que me plazca. Ya lo he dicho en otras oportunidades en este blog, soy la anti-pareja (a lo Nicanor Parra).

En enero de este año terminé con una de las relaciones más enfermizas que he tenido (y vaya que las he tenido). Hablar de celopatía es poco. Que te revisen el celular, que te llamen más de 3 veces en el día preguntando qué estás haciendo o generar un escándalo mientras estás con amigas hablando de lo bien que estás en pareja, es poco decir. Creo que ha sido la relación más adolescente que he tenido. Uf! Me lo tenía guardado; no lo ando pregonando por la vida, pero puedo decir que, aunque fue cansador, el respiro final fue lo más esperado en los 2 años que tomó. En fin. Ahora estoy en otra frecuencia, limpiándome de todo eso que me hizo respirar muy mal. Bue, las cosas son de 2 (ó 3, quién sabe).

Enhorabuena, tengo todo el tiempo del mundo para estar en lo imprescindible y, quizás, en el abrazo libre, en el beso sin condiciones o en la ruta y su compañía.

 

 

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