Invierno, casi invierno

Lluvia, de esa que limpia y calla, es la que me habita ahora. Como si la necesidad de llorar hubiera sido suprimida de cuajo con estas leves tormentas de agua y viento. Qué más puedo pedir? Y es que ni los temblores, dolores musculares, rigidez en la espalda y el cuerpo entero pueden bloquear esta cada vez más frecuente acción de vivir.

Vivir, tanto sentido ha cobrado ese verbo para mi, que no me importa repetirlo una y mil veces, no importa la hora ni el lugar.

Hubo lugares en el que ese verbo estuvo fuera, qué decir, muy lejos de los días. Y hoy, hoy mismo cobra mayor sentido, incluso después de la temporal caída de los sentidos.

Estoy en un momento que, creo, habla de felicidad, armonía, tranquilidad, de esa enorme, de la que me cuida y calma en los vaivenes, ventoleras y marejadas.

Qué decir ahora, casi no me quedan palabras. Sólo quiero disfrutar este momento, momento bueno y lleno de vida.

 

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