De quien te acompaña (o de cómo nutro mi vida en soledad)

Vaya, estos días, esta última semana, ha sido reencontrarme con lo más íntimo de mis sueños, lo más grande de mis ansias y lo más esperado durante mucho tiempo.

En más de oportunidad he dicho aquí lo que he esperado de un compañero de vida: caminar juntos, sin opresiones, sin presiones ni cortapisas. Sobre todo, con una gran empatía, de esa que, aunque me cueste, debo decir que tengo.

Decidí poner fin a mi relación de 2 años de pareja, para reencarrilarme y focalizarme en lo que he venido cultivando desde que tengo uso de razón: la libertad de decidir sobre mis horas, mis sueños y, sobre todo, los aprendizajes.

Durante 2 años me distancié de amigos, calles, adoquines, puertos, países y abrazos terapéuticos. Durante 2 años me perdí en un otro que, tal vez genuinamente, llamaba pareja.

Egoísmo?, sí, tal vez. No soy quien pueda resistir mucho tiempo restricciones de sueños, ni a alguien que al momento de un vendaval, se limitaba a decir “cambia el switch”, en vez de dar simplemente un abrazo y escuchar con detención lo que estaba comunicando con mi voz y con mi cuerpo.

No fueron sus llamados de atención por mis subidas de peso, ni siquiera cuando minimizaba mis vaivenes, celaba (muy celopáticamente) o tal vez cuando simplemente callaba so pretexto de no tener nada que decir. Fue la infinita distancia entre su pensamiento y el mío. Confieso que no lo noté, hasta que un día se refirió como huevón de mierda a alguien a quien admiro profundamente. Eso fue lo que gatilló mi consciencia de querer seguir adelante sin su compañía. En definitiva, diferencias irreconciliables me animaron a decir basta.

Hoy, en paz con mi impaciencia, puedo decir que la historia se destruyó consciente e inconscientemente por parte de ambos. Detesto la inercia en todo ámbito de cosas y esta vez no sería la excepción.

Ahora sólo quiero decir que le deseo todo el amor del mundo y la consciencia de que su andar no se detenga mirando para atrás qué fue lo que hizo o dejó de hacer.

Atrás quedaron las ideaciones producto del rechazo tácito, atrás dejé los miedos y aislamientos, cual siquiátrico. Ahora, sólo quiero caminar, respirar y volver a la comunidad de la que nunca debí salir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s