Encaminada, al fin

Días de primavera… si hasta hace unas cuantas horas el corazón se salía de su cause y las venas se morían de vergüenza de traer sangre sucia de mi cerebro.

Bendita la hora en que descubrí el madero al cual aferrarme en casos de crisis, como la que tuve los últimos días.

No es sólo el tratamiento, no es sólo la compañía, tampoco una dieta equilibrada, ni siquiera los ejercicios. Son los ojos que se abren y dejan que las palpitaciones crucen el umbral del dolor, hasta encontrarse con la libertad de elegir entre vivir.. y vivir. Sí, hace tiempo tomé la decisión de hacer un pacto para vivir, día a día, un día a la vez.

Antes me cansaba, cierto, me abría a la pena o a la euforia, también, pero hoy, hoy es simplemente el amor a la estadía en la tierra y en los universos que me rodean.

Bendiciones a quien me lee.

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