A veces pasa qué…

quisiera tirar todo al tacho de la basura. Otras veces me siento bendecida de notar cuando aquello pasa y espero, con cierta calma, que el vendaval pase.

Hoy desperté temprano. Cierto que levantarme tomó tiempo y que mi aliciente principal en ese preciso segundo es correr por un cigarro y darle desayuno a mi hija. Confieso que ambas acciones se disputan entre sí el tiempo de dedicación. Por eso programo el despertador 15 minutos antes, así alcanzo a fumar y poner a hervir la tetera, preparar el pan y la fruta para ella.

En este minuto estoy con cierta ansiedad por cosas que pasan a mi alrededor, eso ha impactado en el desempeño laboral, pero estoy agradecida poder trabajar en mi casa, con tiempo para tirarme a la cama cuando viene el dolor o las descompensaciones. Aún así me preocupa no poder estar al 100% de mis capacidades.

Ahora, como cada día que tengo la voluntad y la quietud para ello, revisaré mi bitácora laboral y la agenda para avanzar. De otra manera las cosas quedarían desparramadas en el intento por comenzar y terminar alguna labor. Un día a la vez.

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