Persiguiendo al aripiprazol :p

Hace un par de años tomé la decisión de no volver a interrumpir el tratamiento farmacológico, a pesar de mis creencias respecto a la industria farmacéutica y todas las teorías conspirativas respecto a la producción de la mercancía química que nos inunda. Quise hacerlo, a pesar de creer que lo que se denomina trastorno bipolar es un constructo socioeconómico particular a nuestra época. Sí, es lo que creo: más pacientes más medicina, más enfermos, más indicadores y un eterno etcétera.

Pero, sí, yo decidí apegarme al tratamiento simplemente porque me acogí al programa de la necesidad de buscar ayuda para lo que conozco como la manifestación de que hay algo que no me deja dar curso a mi expresión vital, sin que haya daño de por medio, tanto a mi como a quienes amo. Así de simple, así de complejo.

Me siento en esta locura circular, que me inunda día y noche, de agua y sal, de grito y pies descalzos en plena calle. ¿Qué más da si opto por refugiarme en la química que puede o no dejar una huella imborrable en mis neurotransmisores? ¿Qué si me someto a la eterna levedad de mi estar en un estado que me carcome los pies, que me conduce de frente a las vías del tren? Sí, opté por llevar un tratamiento farmacológico, simplemente porque el resto de las salidas no hizo nada.

En eso precisamente pensaba cuando me di cuenta que los medicamentos se habían terminado. Tamaña cosa, ¿no?

Fui derecho, prescripción médica en mano, a una farmacia. Sorpresa, no estaba en los registros, ni yo, ni los medicamentos que usualmente tomo. ¿Qué había pasado? Insistí con la vendedora, yo estaba ahí. Nada. Me comuniqué con la Isapre (Institución de salud privada). Debía estar en los registros y claro, ahí estaba la respuesta. No estaba porque había pasado el periodo de actualización de mi “patología”. Se resolvió y ahí empezó la búsqueda de los medicamentos. No estaban, ni uno. Luego de ver otra farmacia, me enteré de que la marca de aripiprazol que tomo no lo venden más. ¿Qué hacer sino endeudarme eternamente para conseguir uno?

Y ahí estaba yo, con los medicamentos en mano, sintiéndome pobre de mente por tener que recurrir a esos pedacitos químicos que inundan mi cuerpo y lo destruyen a más no poder.

 

 

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