Ya está aquí…

Semanas de estabilidad, días plenos de colores y mejillas sonrojadas se fueron al tacho de la basura por un desvelo de aquellos.

Ya estoy de nuevo hablando de mis irresponsabilidades, pero es así, sobre todo cuando mi pareja y yo nos encontramos unos pocos días fuera de esta ciudad.

El costo es siempre el mismo: al caminar el cuerpo se me va a la deriva, mi sonrisa es fingida, mis manos tiemblan, mi enojo está a flor de piel, y mis deseos de buscar la puerta lateral para salir de aquí aniquilan cualquier dejo de esperanza.

Hoy me animo a escribir todo esto, a pesar de lo maravilloso que puede ser para muchos la navidad y el cambio de folio que da cada año nuevo. Pero es así. Me tocó una vez más enfrentarme a todos esos puntos de quiebre que me conducen a un estado de dispersión continua y de escisión de la realidad.

Igual huelga decir que mi libertad está inmune, que mis manos aún son enormes, que mis mejillas hoy pálidas y mis ojeras púrpuras ya irán a tomar algo de sol en este verano tan hostil para mi. ¿Qué más da?

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