Ojalá pueda prolongar este bello suspiro de vida

Le he preguntado a mi espejo cómo me veo; los espejos nunca han sido buenos recordadores de mi cordura, pero bueno, le pregunté.

De ahí asomó un suspiro tenue, una voz calma, una luz en el centro de mis ojos y una verdad: estoy aspirando a la libertad de los días de insomnio y de los brebajes oscuros y amargos.

Mi fin de semana largo estuvo lleno de un bello encuentro, de una sinfonía de olores y sudores como hace tiempo no vivenciaba.

El amor me había sido esquivo, lo sé, estaba rota y quemada de tanto doler, pero bueno, hoy es distinto, mis manos son puestas por otras en un otro pecho desnudo, mis pies se tornan de belleza entrelazados con el de mi amado, y el dolor de mi espalda es inhibido por el brillo de la suya. ¿Qué más puedo pedir en este breve e inefable espacio?

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