De la miel el ajenjo y los recuerdos

Este mes ha sido de cambios profundos. Uno de esos cambios fue el esquema de tratamiento que experimenté por el paso de un brote sicótico. Sí, eso me dijo la psiquiatra este jueves recién pasado.

¿Cómo ocurrió aquello? Simplemente brotó…

Volvieron esas imágenes, sensaciones, colores y olores que me transportan hacia una realidad que afirmo es la objetiva, pero que no es más que la impresión de estar en un lugar del cual salir no es una opción, simplemente porque no es opción salir de lo que creo es lo legítimamente cierto.

Fobia social, certeza de estar siendo vigilada y auscultada por la muchedumbre, y sentir que he muerto, han sido algunas de las realidades por las que pasé.

No recuerdo cuándo fue la última vez que sentí que estaba muerta.

Todo comenzó con una pesadilla de esas que prefiero no mencionar. Desperté a eso de las 3 am. Me levanté rápidamente y sentí que mi cuerpo aún dormía, pero lo hacía en un sueño eterno. Salí al patio y fumé un par de cigarrillos. No sentía nada. No había frío ni calor. No había colores, sólo el aroma de una miel suave, de esas que vierto en un tazón de cereal.

Estuve así por horas, hasta que vivencié una paradoja. El cigarrillo se sintió fuerte en mis pulmones, signo de que aún respiraba…

Aripiprazol, ven a mi…

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