Sueño, bendito sueño

Levantarme de la cama se ha vuelto una tremenda odisea. Concentrarme en el trabajo que finalmente vino, requiere un ejercicio a cada momento. Ese ejercicio consiste en detenerme cada media hora, respirar hondo, recostarme en la cama fumar un par de cigarrillo y seguir con un café mientras leo y releo mi agenda diaria.

Ya no salgo de la casa; no tengo ni la disponibilidad ni las ganas. Casi no hablo con mis amistades y quienes me aman tienen que bancarse mi cara y mis pocos ánimos de hablar.

Estable, estoy algo más estable. No importa pagar el precio, por ahora.

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