Mi pequeña crece y crece, a mi pesar

Hoy me cayó en mi cabeza el peso del abandono. Cierto, cada ingreso, cada crisis significó abandonar un poco a mi hija, motivo de que aún viva.

Sé que es un tremendo peso decir y sentir que sólo por ella vivo, quisiera que fuera de otra manera, pero así es. Cuando la fe y la voluntad se van lejos, sólo puedo aferrarme a sus manitas, hoy más grandes que las mías.

En el post anterior me señalé como una mala madre, pero ella insiste en que no es así. Creo que tiene más misericordia conmigo que lo que podría sentir el más religioso de los creyentes.

Trataré de sacarme de los hombros esta pena por mi misma que tan canalla puede ser.

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