El dolor que el amor puede echar fuera (y de cómo la memoria me juega malas pasadas)

Camille Claudel llegó a inspirar mi dolor en algún momento de mi vida. Crucé en más de una ocasión por el muro que divide la vida que se parte en dos de la realidad compartida en el cinismo de la estabilidad. Sí, también destruí creaciones de mis días (esos poemas que quemé o dibujos que rompí en mil pedazos cuando mis sienes se volvían una carga pesada para mi mente, o la ruptura con una pequeña compañía de teatro). Pero mis encierros no duraron 30 años, sino hasta 30 días. Incomparable realidad.

¿Que por qué vuelvo a esa memoria justo hoy en que los días son del color que más amo? Por puro amor a recordar el dolor que ya no me acompaña. Cierto, voy y vuelvo de vez en cuando a los días en que mi vestido era negro-grisáceo, mi pelo estaba sucio y las uñas cortadas a medio camino. Regreso una que otra vez a los estertores inducidos, a las palabras rotas, al vacío inconmensurable, a la mañana desnuda frente al precipicio, a la muerte más amada.

Repito, ¿por qué este masoquismo? Por pura autoenvidia, por puro antojo. ¿Qué más da? ¿Cómo no envolverme un poco en esa memoria si cuando regreso al presente las lágrimas sólo me lavan la cara de la sal antigua? ¡Si así cultivo mi vida, a puro amor por la vida salvada de todos esos días en que la luz sólo me envolvía para acompañarme al dolor! Hoy estoy de este lado, en este presente con ausencia de dolor y llena de abrazos terapéuticos de aquellos.

Confieso que en más de una ocasión me he vuelto a perder en el aceleramiento y las lágrimas, todo al unísono, como este fin de semana. Llevo algunas semanas bebiendo mucho café y teniendo un sueño medio cambiado de ritmo. Y es que a veces se me olvida que la rigurosidad del tratamiento no consiste sólo en las tomas de pastillas, sino también en un orden autoimpuesto (no alcohol, no trasnoches, y otros tantos no que he aprendido a mantener… bueno, casi).

Y justo ahora, en que vuelvo a escuchar el Magnificat de Bach, vengo a recordar que no he ido a retirar mis medicamentos, no me quedan para mañana. ¡Vaya memoria!

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