No, no he olvidado mi condición

Siempre me digo “no es malo mirar para atrás, siempre que tengas la mente y el corazón en el presente”. Hoy así lo hice. ¿Qué me motivó a hacerlo? Un leve descuido en mi trabajo con la consiguiente consecuencia negativa: equivocarme.

La siquiatra me ha dicho en innumerables ocasiones que tengo el trabajo apropiado para mi, pero que no exagere, que aún así no debo desbordarme en los tiempos de dedicación y todo eso. Pues bien, he estado en vigilia desde muy temprano por varios días y eso me está pasando la cuenta.

Mirando para atrás, vuelvo a las aulas del ámbito académico, donde desplegaba mis cualidades de profesora, con todo lo que eso implica, partiendo por el reconocimiento y cercanía con los estudiantes. Mis crisis me sacaron de ahí, como me sacaron del doctorado. Pero ¿qué más da? Y aquí está mi cabeza en el presente: si no estuviera donde estoy, no podría ser lo que soy ahora.

Soy una mujer, madre, hija, hermana, pareja, que ha aprendido a vivir con una parte anómala de su cuerpo. ¿Cómo he llegado a hacerlo? Más allá de la poesía que podría invadir estas líneas, están en la práctica, los simples actos de rebeldía hacia la pena y el delirio: medicamentos, sueño, abrazos, derecho al ocio, orden y estructura en lo que hago, y obviamente fe. Así, yo no soy bipolar, una parte de mi tiene esa condición, aquí está a diario, pero he preparado desde hace algún tiempo un pacto para vivir conmigo misma, sin mirar lo que me falta, sino lo que llevo.

Bendiciones a quien me lee.

Claudia

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