Día de siquiatra y casi terminando el verano

“Verdaderamente, ¿cómo estas?”. Tamaña pregunta justo ahora en que me siento de maravilla. Estable, apaciguada, amada, enamorada. ¿Qué le iba a decir? Eso, simplemente que llevo el tratamiento al pie de la letra y que sonrío a cada rato…

Siempre me pregunté por la probabilidad de conocer a alguien que estuviera dispuesto a compartir mis días, siendo tal y como soy, sin el temor a dibujar una sonrisa de incredulidad o negación ante mi condición, o simplemente de rechazo. Bueno, encontré a alguien que lo entiende y no me deja ver el vaso medio vacío, como solía hacerlo. Confieso que ya no recurro ni al alprazolam ni al zolpidem para mantenerme el línea con la plena calma.

¿Qué decir? Que sin duda se puede pasar de un vendaval de aquellos que no dejan nada en pie, a un estado de relativo reposo. Y si viniera uno de los oleajes furtivos que suelen aparecer en mi vida, pues bien, habrá que hacerle frente, una vez más.

Bendiciones a quien me lee.

Clau

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