No estoy enamorada, pero me duele el estómago

Anoche fue un día de aquellos, en compañía de amigas, que me invitan a beber una copa de vino. Y es que la dosis exacta de felicidad en mi siempre se ve acompañada de un sorbito de esos.

Hoy amanecí con dolor de barriga y sin el menor arrepentimiento. Mal, lo sé, pero de vez en cuando encontrarme con un fruto de la madre tierra me va bien, me acompaña, me estimula y me hace perder un poco ese sentimiento de que no puedo llevar una vida como la de cualquier persona que conozca.

 

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