Puede que todo ande bien

Ahora que mi adultez está vistiéndose de noviembre, ahora mismo que empieza la cuenta regresiva a mis 42 años, me pongo a reflexionar sobre las alicaídas alas (valga la redundancia) que tan recurrentemente me sostienen; pero también de la preciosa voluntad que sin duda me acompaña la mayoría de las veces.

Soy Claudia, soy mujer-madre (por la opción bendita que tuve hace casi 15 años), y también soy bipolar (Tipo I, según los siquiatras), y en ese ser y estar también soy una humana que se viste de fiesta cuando amanece el día y aún puede despertar en su cama y no en un sanatorio. Cómo no agradecer que abundante vida brota por mis venas y arterias? Cómo no abrazarme a mi propia cintura para darme la bienvenida cada vez que sea necesario?

No ha sido fácil, lo sé, pero tampoco ha sido imposible (al menos aún puedo decir eso).

Mil bendiciones a quien me lee.

Clau

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