Durmiendo bien

Dormí por casi 8 horas, ni siquiera desperté para ver la hora ni para hacer callar a los pájaros que insisten en hacerme compañía entonando un trinar de esos que no me deja pegar las pestañas. Fue increíble despertar después de haber tenido sueños de aquellos que me hacen descifrar los miedos propios y los de otros que estimo.

Ahora cuento 5 horas de trabajo continuado, con algunos altos para fumar y beber un café caliente que se suma a otros más que vendrán por delante.

Sin duda pensar en mi hija como motor de mis días es algo irrenunciable y a la vez inexplicable por mi. Como sea, estoy aquí por ella y en cierta medida por mi.

Cómo no estar aquí cuando mis ganas insisten en pararme de cabeza si fuera necesario para sacarme de encima los miedos y la costumbre de golpearme los brazos para despertar y todo eso que a veces necesito para seguir viviendo.

Mi condición de bipolar, (insisto, con todos los peros que le doy a la siquiatría tradicional), como otras condiciones que llevo a cuesta, me ponen justo en la encrucijada de seguir o posponer mi voluntad, esa que a veces se va a dormir por ahí y de la que me escondo de vez en cuando.

Hoy día no hay nada, repito, nada que me saque del pecho el deseo por seguir aquí, aunque suene reiterativa la reiteración.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

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