Una noche de aquellas…

Llegó la noche y mis manos estaban inquietas, la cabeza cansada pero llena de canciones como dando tumbos por doquier, y de paso, mis piernas con ganas de moverse hasta más no poder. La llamada a una amiga y el panorama se armó en un santiamén. Una hora después me figuraba bailando cuanta melodía pasara por mis oídos. Después de un abrazo terapéutico, bailar.

 

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