Viaje a Valparaiso

No, no es melancolía y nada que se parezca, es solo un dejo de ternura que habita en mi cuando escucho el clamor de los adoquines que cruzan de punta a punta el puerto con los pies del ángel borracho que dibujó las calles.

El negro y el rojo, Valparaíso en el medio, unos cuantos sorbos de vino y me quedo justo en la cima de sus cerros.

Me hice cemento cuando me vine de allá. Es así, ya apenas reconozco el cansancio que no me deja dormir gracias al arreo de los autos y sus benditas costumbres de hundirme en el pecho ese dolor citadino.

Ahí quedaron los muelles que se tragan hasta el más mísero suspiro. Y yo aquí, deseando dibujar en su arena alguna seña de vida en una eterna borrachera.

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