Algunas de mis definiciones

Soy mujer, soy madre, soy hija, soy hermana, soy nieta, soy tía, (…) soy bipolar. Sí, estuve dándole vueltas a mis principios y costumbre de poner todo en un orden tal que entienda que es lo que me está pasando.

Hoy no fue la excepción, me sumergí un rato en Nirvana mientras ordenaba mi pastillero, reflexionando sobre los inicios de mi consciencia de que puedo ir del cielo a la tierra, del día a la noche, del agua al fuego, (…) de la melancolía a la euforia, o al menos así iba antes de someterme y encasillarme dentro de un diagnóstico y su tratamiento. No es que lo siga poniendo en duda. El punto es que creo que esos estados son parte de mi, soy genuinamente intensa en todo. Así soy si no tomo los estabilizadores y antisicóticos, es la verdad. Pero ahora ¿cómo soy?.

Ahora soy una madre presente, más del tiempo que estuve alguna vez, cuando andaba por ahí perdida en alguna maraña emocional. Mi hija me ve, y yo la siento cerca.

Soy una eterna reflexionadora de cómo me voy sintiendo. Insisto mucho en ello; creo que me hace bien estar pendiente de cuando viene una ola de esas que me lanzan lejos y me sacan de mis casillas. Es que pasa igual, con medicamentos incluso, mis estados suelen variar. Ya no es como antes, claro, pero aún permanece en mi, o al menos quiero que perviva, esa intensidad en mis emociones. La diferencia radica en las acciones que llevo a cabo. Por ejemplo, puedo tener mucha rabia, pero no voy a lanzar las cosas al suelo, ni voy a romper nada, ni mucho menos me voy a pelear con alguien. Tampoco me voy a lanzar a buenas y primeras a lo que primero caiga, por decirlo de manera elegante, (como agarrar mis cosas y viajar sin un peso en los bolsillos, o irme con alguien por ahí para perderme, si se entiende).

El aprendizaje ha sido largo, es cierto. No es fácil inventarse un camino por donde transitar sin la vida hecha añicos. Tampoco es fácil que alguien entienda cómo llevamos esto por dentro y a veces por fuera. A mi me pasa que -aunque mi familia tuvo una buena psicóloga que aplicó psicoeducación-, aún no logran entender por qué mis ojos no están con la tonalidad de antes; por qué mis ojeras son tan pronunciadas; por qué a veces camino en zig zag, por qué no tengo esos arranques de felicidad y verborrea que alguna vez tuve, pero que los mareaban, y etc… Hay días, en que me ven como una persona normal, la verdad eso es ahora gran parte del tiempo por el grado de estabilidad relativa en el que estoy, pero como sea, aún no entienden por qué tengo dos pastilleros para las dosis que debo tomar durante el día y la noche.

Hoy soy una domadora de mis acciones, no así completamente de mis estados. Pero qué va, lo importante es que así tal cual soy, al menos algo de mi queda todavía intacto: aún me aferro a la vida, pero a mi manera.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

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